Cuando la guerra llegó a Sudamérica. (2ª Parte)

Cerrada la primera etapa de la Batalla del Río de la Plata, el maltrecho Graff Spee llegó al puerto de Montevideo a las 010 horas del 14 de diciembre. ¿Por qué el Capitán Langsdorff eligió Uruguay, neutral, si, pero más proclive a apoyar a los aliados, en lugar de dirigirse al puerto de Mar de la Plata? La Argentina de Juan Domingo Perón, admirador del régimen fascista de Mussolini, lo hubiese recibido con más simpatía. Nadie lo sabe, pero su elección fue uno más de los errores tácticos de los alemanes.

HMS_Exeter_Battle_of_the_River_Plate_Veteran

Las autoridades uruguayas enseguida echaron mano de la Convención de la Haya para anunciar a sus repentinos visitantes que de acuerdo con dicha ley internacional, “Un buque militar beligerante no podrá extender su estadía en un puerto neutral más allá del tiempo permisible para reparar daños a sus estructura”, y que no se le permitiría reparar sus aditamentos ofensivos. La diplomacia británica en un principio movió los hilos para presionar al gobierno a que expulsara al Spee lo más pronto posible. Inicialmente el periodo establecido fue de 24 horas, pronto extendido a 72 horas, muy a pesar de Langsdorff, que había solicitado dos semanas.

Pero en apenas horas, el almirantazgo británico decidió cambiar su estrategia, cuando se dio cuenta de que no tenía refuerzos en la zona para acudir en ayuda de Ajax y Achilles, y que sería mejor demorar la salida del Spee hasta que dichos refuerzos llegaran. Se armó entonces un San Quintín de comunicados, peticiones y anuncios que convirtieron el entuerto en lo que bien podría ser el guión de una comedia de enredos.

Para empezar, el embajador de la corte de San James en Montevideo, Eugen Millington-Drake exigió la partida del Spee a la mayor brevedad posible, pero luego de consultar con el Millington-Drakealmirantazgo en Londres y, utilizando otro artículo de la Convención de la Haya que no permitía zarpar a un buque de guerra 24 horas antes o después de que un mercante del bando contrario lo hiciera desde el mismo puerto. Con la intención de que más barcos de la armada británica se posicionaran en la boca del Rio de la Plata, Millington-Drake consiguió que barcos civiles ingleses y franceses partieran todos los días, obligando al Spee a retrasar su salida. En todo caso, Langsdorff estaba teniendo problemas para conseguir que los trabajadores y proveedores uruguayos estuvieran dispuestos a reparar su nave.

Mientras tanto, oficiales de la inteligencia naval británica, ayudados por personal diplomático, filtraron diversas informaciones sobre numerosos cruceros de la armada desplazándose a la zona, aunque no eran más que cuentos chinos. Si llegó el Cumberland, parte de la Fuerza G que estaba patrullando en las Malvinas, pero un grupo de choque adicional no llegaría hasta el 19, dos días después de cuando el Graff Spee estaba obligado a levar anclas.

Nadie sabe lo que pasó por la mente del Capitán Langsdorff en esos días, y dudo mucho que nadie lo sepa en el futuro, pero los alemanes se creyeron los falsos informes propagados por la prensa, y sus posibilidades de escape no parecían muy favorables. Al final, aceptaron la fecha fijada por el gobierno huésped para el 17 de diciembre a las 20:00 horas.

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Seguramente las casas de apuestas tanto en el país sudamericano como en Londres hicieron su agosto entre los que creían en una victoria británica y los que daban por favorito al Graff Spee. Pocos sabían la realidad de la situación dentro del gran acorazado alemán y menos aún la verdadera debilidad de la fuerza británica esperándolo.

Cuando llegó la hora de aquel 17 de diciembre de 1939, Langsdorff dio la orden de zarpar a su destino inevitable. El majestuoso buque soltó amarras y avanzó lentamente por las tranquilas aguas mientras el ocaso regalaba a los espectadores sus mejores ropas. Ajeno a las vicisitudes diplomáticas y militares, el pueblo charrúa, azuzado por la prensa, se preparó para el espectáculo cargado de binoculares y cámaras fotográficas y de cine. Nunca esperaron ser testigos al drama que estaba a punto de desarrollarse.

Graff Spee sinking

Apenas unos minutos después de abandonar el puerto y a la vista de todos, varios remolcadores se acercaron al herido acorazado y recibieron en sus cubiertas a lo que parecía ser un grupo de hombres. El capitán Langsdorff había dado la orden de abandonar el barco, probablemente, pensaron los observadores, para minimizar las bajas en el enfrentamiento contra los ingleses tan sólo unas millas más adelante. Con una tripulación mínima, avanzó media milla más hasta situarse justo en medio de la bahía, como si buscara el escenario perfecto para el último acto. Entonces, justo en el momento en el que el sol contactaba con el horizonte, una fuerte explosión se observó y escuchó desde todos los puntos para el asombro de la muchedumbre. Y luego otra, y otra. Langsdorff había decidido hundir su propio buque antes que permitir a los británicos una victoria militar o, peor aún, su captura y la de su equipamiento.

El desenlace aumentó la emotividad de la tragedia. La totalidad de la tripulación del Graff Spee, incluido su capitán, llegó a Buenos Aires al día siguiente, y lo que menos se esperaba Langsdorff fue que el mundo parecía criticarle no haber presentado batalla. Para él, lo más importante había sido el evitar más muertes, como había hecho con los tripulantes de los mercantes que hundió semanas antes. Pero de nada sirvió su consuelo, pues hasta sus jefes en Berlín le criticaron la deshonra. El 19 de diciembre, Hans Langsdorff se suicidó.

La Batalla del Rio de la Plata fue el primer encuentro naval entre las dos potencias durante la Segunda Guerra Mundial, y el destino quiso que el enfrentamiento tuviera lugar a la vista de miles de testigos inocentes. Las decisiones de Langsdorff fueron sin duda cruciales, y prácticamente indefendibles, pero su último sacrificio por las vidas de sus marinos es una acción digna de celebrar. Para los estudiosos de la historia queda un evento para el estudio y el debate, para nosotros los aficionados, una oportunidad más de recordar nuestro pasado.

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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6 respuestas a Cuando la guerra llegó a Sudamérica. (2ª Parte)

  1. Hola Jesús,
    ¡sorprendente final! Como te dije en el comentario del anterior post, desconocía todo lo que explicabas acerca de este hecho. Un placer seguirte el blog y espero tu próxima entrada cuando el tiempo te lo permita (cosa que entiendo perfectamente ;-()
    Un abrazo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Muchas gracias Francisco, Efectivamente, se trata de un acontecimiento muy interesante, por sus elementos y por su desenlace. Yo lo conocí desde niño gracias a un artículo en el Reader’s Digest, que mi padre compraba desde los años 50′, y que siempre me ha cautivado.
      Y hay una segunda parte que espero poder publicar en el futuro.

      Gracias nuevamente y un abrazo…

  2. Stella dijo:

    Voy a agregar algo a tu interesante artículo. El empresario Alfredo Echegaray mediante un contrato logró extraer la mítica águila del acorazado Graf Spee . Mide 2 metros de alto por 2,80 de ancho. Pesa unos 300 kilos y en la parte inferior tiene una esvástica nazi en perfectas
    condiciones.
    Además del águila, ya fueron rescatados un cañón de 155 milímetros y cuando estaban prontos para sacar los emblemáticos cañones de 280 milímetros, la grúa de la armada que estaban utilizado sufrió desperfectos técnicos y el contrato no le fué renovado.
    Hay una intervención de la cancillería alemana, y el empresario tras 25 años de estudios y aportes, pide mediante la justicia determinado resarcimiento.
    El águila estuvo embalada, muchos años. El mes pasado pudo ser exhibida con la esvática oculta por un vidrio oscuro y colocada en forma vertical sobre un pie de madera.
    Los restos del Graf Spee, yacen todavía en la Bahía de Montevideo.
    Un abrazo.
    Hasta pronto.

    • J.G.Barcala dijo:

      Muchas gracias Stella por tu interesantísima aportación. Sabía que habían encontrado los restos del Graff Spee en el Río de la Plata, pero no conocía el detalle que aportas. Me informaré mejor.
      Muchas gracias nuevamente y un cordial saludo.

  3. Anónimo dijo:

    El capitan Langsdorff, del Graf Spee, NO FUE COMETIO UN ERROR TACTICO al no entrarn en el puerto de Buenos Aires, toda la historia narra algo REAL, el barco tenia que ser reaarado sin dilación y EL PUERTO DE BUENOS AIRES NO TENIA EL CALADO SUFICIENTE para ello. Por ello acertadamente se dirigio a MOntevideo, NO HABIA OPCIONES!! en esto no hay ninguna duda historica !

    • J.G.Barcala dijo:

      Muchas gracias por tu comentario. No sabía lo del puerto de Buenos Aires, nunca lo he visto en los libros, pero tiene sentido y explica muy bien la decisión de Langsdorff.
      Un cordial saludo.

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