El día en que la Tierra oscureció.

Sobre las aguas de turquesa en el Estrecho de Sunda, Indonesia, se pasean un par de barcas impulsadas por los remos de dos hombres semidesnudos, uno mayor que parece ser el padre del otro, a juzgar por sus rasgos, afilados pero amables, y por sus negros y brillantes ojos. Sus miradas atentas al frente no reflejan ninguna emoción, ningún recelo, sólo la aparente tranquilidad del mar en reposo justo antes de la tormenta. La causa del estado hipnótico de los pescadores no es el viento ni el rayo el que puede romper la frágil placidez del paseo dominical, no es la repentina aparición de un fenómeno atmosférico, sino una pequeña isla una docena de kilómetros al frente, justo en el centro de esta concurrida ruta de navegación. Es Anak Krakatoa, un cono volcánico de trescientos metros de altura en medio de las aguas, poco intimidante a saber, pero un sempiterno recuerdo de su antecesor desaparecido hace más de un siglo en la catástrofe natural más importante de la historia.

Nube

Después de varias semanas en las que la actividad sísmica había aumentado en la zona, la mañana del 20 de mayo de 1883, el volcán Krakatoa despertó de un sueño de más de doscientos años con una erupción en principio nada anormal, al menos en un país acostumbrado a la actividad volcánica. La explosión hizo vibrar los cristales de las casas en la costa y lanzó una columna de gases, cenizas y vapor hasta más de diez mil metros de altura, Map_krakatausorprendiendo y de cierta manera atemorizando a los residentes de las varias islas a su alrededor. No obstante, la actividad inicial no pasó del susto y a los pocos días el volcán entró en una rutina de expulsión de gases y rugidos esporádicos que se volvieron parte del día a día. Algunos turistas temerarios se acercaron a la isla para poder admirar de cerca el espectáculo, pero no fueron los únicos. A falta del principal geólogo de la colonia que se encontraba de viaje, el Gobernador había asignado a su asistente Johannes Schuurmann para desembarcar en Krakatoa y hacer una inspección, su impresión inicial no puede ser más descriptiva:

                “La visión de la isla era fantástica, desnuda y seca en lugar de cubierta por bosques tropicales, y el humo salía como si lo hiciera de hornos. Sólo en los puntos más altos quedaba algo de verde…el resto, estaba cubierto por una gruesa capa de ceniza oscura…dejando entrever apenas unos pocos tocones desnudos como meras reliquias del bosque…”

El 11 de agosto, después de renovada e intensa actividad, el Capitán topógrafo H.J.G. Ferzenaar se acercó a la isla y descubrió tres columnas de humo, una en cada de los conos y una docena de ventilas que expulsaban vapor y recomendó que no se permitieran más desembarcos debido al peligro potencial. No estaba muy seguro de lo que podría suceder pues, al igual que la mayoría de las ciencias, la vulcanología estaba en pañales, pero el instinto le decía que las cosas se podían poner peor. Aún así, poco o nada se hizo para preparar a la población de las islas cercanas que, a casi 40 kilómetros de distancia, se sentían lo suficientemente lejos de los efectos del volcán.

Entonces, a medio día del 26 de agosto, Krakatoa despertó con toda su furia haciendo erupción en sus tres cráteres expulsando miles de toneladas de lava mezclada con gases. A las 14:00 horas se podía observar ya una columna de humo de más de 25 km. de altura y las explosiones eran constantes, cada diez minutos tsu1883KrakatoaEruptionaproximadamente. Barcos a más de 20 km. de distancia informaron de largas cantidades de ceniza y piedras pómez de hasta 10 cm. De diámetro, y hacia las 18:00 horas, dos tsunamis moderados golpearon las playas de las islas vecinas, sin consecuencias por el momento. Al día siguiente las cosas empeorarían. A las 5:30 de la madrugada, el cráter Perboewatan explotó con fuerza, creando un tsunami en dirección a la aldea de pescadores de Teluk Betong, borrándola del mapa junto con todos sus habitantes. A las 6:44 fue el turno del cono Danan, que lanzó tsunamis tanto al este como al oeste y, a las 10:02, Krakatoa estalló con tal estruendo que fue escuchado a más de 3.000 Barco en Telok Betongkilómetros en la ciudad australiana de Perth y en la isla de Rodrigues, a más de 5.ooo km. en el Océano Índico Occidental. Se calcula que ese estallido fue equivalente a casi 200 millones de toneladas de TNT, cuatro veces más que la bomba termonuclear más grande jamás detonada. Cada explosión provocó nuevas olas destructivas, algunas de hasta 30 metros que destruyeron más de 160 aldeas y pueblos de la costa indonesia, matando a 36 mil inocentes espectadores de la furia volcánica. La coda llegó a las 10:41, cuando en el reventón final la mitad de la isla se hundió bajo las aguas.

krakatoa

La ola expansiva viajó a 1.086 km/h y fue registrada por barógrafos de todo el planeta incluso cinco días después de la erupción después de haber dado la vuelta al mundo hasta siete veces. La nube de cenizas y dióxido de sulfuro alcanzó los 80 km de altura y los vientos se encargaron de esparcirla por toda la geografía terrestre, creando un efecto de invierno volcánico que reduciría las temperaturas globales más de un 1ºC al año siguiente, aunque el clima tardó hasta cinco años en volver a las condiciones previas al cataclismo.

Ashcroft

Ilustración de William Ashcroft.

La ceniza causó también un importante efecto óptico. El cielo se oscureció por todo el mundo durante varios años y se produjeron atardeceres espectaculares de tonos rojizos tan intensos, que Munchen algunas localidades norteamericanas los vecinos llamaron a los bomberos creyendo que se trataba de un incendio. No tenemos fotografías a color para revivir la belleza del fenómeno, pero el pintor inglés William Ashcroft nos dejó un legado de miles de dibujos de atardeceres en acuarela pintados durante los años siguientes a la erupción. No hace mucho, un astrónomo propuso que el atardecer carmesí en la obre de Munch “El Grito”, pintada en 1893, se debía a los efectos de Krakatoa.

Aparte de la belleza de los ocasos post-erupción, el evento de Krakatoa fue el punto de partida para la ciencia de la vulcanología y el primer intento de comprender los orígenes de la fuerza destructiva de la naturaleza. En la historia reciente, nadie había podido admirar de cerca una erupción de esas dimensiones, y los primeros geólogos se sirvieron de ella para avanzar en el estudio tanto de los volcanes como de otros aspectos desconocidos de las profundidades. También los meteorólogos se dieron un festín de información que les ayudó a entender mejor los fenómenos atmosféricos y su distribución por el planeta. Por ejemplo, se observó en América que la nube de cenizas seguía el patrón de un “rio” aéreo al que originalmente llamaron “Corriente de Humo Ecuatorial”, pero que ahora conocemos como la Corriente de Chorro.

Krakatoa no fue el primero ni el último de los grandes cataclismos volcánicos. En 1416, un antecesor en el mismo lugar se destruyó así mismo con la fuerza de sus explosiones, al igual que le sucedió al volcán Thera hace más de 3000 años, destruyendo la civilización Minoica y dejándonos como único recuerdo la Isla Griega de Santorini. Krakatoa si fue el evento de esa naturaleza que más muertes ha causado pero, muy probablemente, puede repetirse en el futuro.

Anak Krakatoa

Anak Krakatoa

Anak Krakatoa nació en 1927 y desde entonces no ha dejado de crecer duplicando su altura cada veinticinco años, repitiendo el patrón que siguieron los anteriores ocupantes del mismo trozo de mar. Es verdad que a principios del siglo XXI entendemos mejor las causas y efectos de los volcanes, pero eso no quiere decir que hayamos aprendido a limitar su fuerza destructora.  No es de extrañar que nuestros amigos pescadores le teman y le respeten, como deberíamos hacerlo todos.

 

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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4 respuestas a El día en que la Tierra oscureció.

  1. Rosa Ave Fénix dijo:

    Se me ponen los pelos de punta pensando en el famoso pero destructivo Krakatoa. Estuve en Indonesia hace unos años, que hermosura de paisajes en las varias islas que visité, todas diferentes entre sí. Cuando estaba sobrevolando Java, con dirección a Swalawesi, fotografié el volcán Bromo… que hermoso y a la vez que horror pensando lo que podría suceder si la Naturaleza le diera por despertarse. Nunca sabemos cuando esa Señora le da por sublevarse por un sitio y otro. Buen reportaje. Un beso volcánico!!!!

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Rosa, te envidio tus muchos viajes por lugares tan exóticos e interesantes, cómo me gustaría a mí poder visitar Indonesia! Algún día tendremos que reunirnos para que me cuentes más detalles y me enseñes las fotos, seguro me dejarás con la boca abierta y con más ganas de ir, pero bueno, nunca se sabe lo que el destino nos depara.
      Otro besito explosivo para tí.
      Gracias mil por ser tan paciente y amable.

  2. Hola Jesús,
    sin duda alguna uno de los más aterradores y a la vez fascinantes volcanes de la actualidad.
    Un abrazo

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco, hoy mismo leía en las noticias que un volcán en Japón estaba duplicando su tamaño cada tres meses, lo que indica que la actividad volcánico no es nada pasiva. Sabes que en nuestras mismísimas islas Canarias se ha detectado una intensa actividad subterránea. Quizá nuestros hijos veraneen en la nueva isla. Muchas gracias por comentar. Un saludo.

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