De cómo el Caso Dreyfus dividió y debilitó a Francia. (2ª Parte)

Esterhazy

Esterhazy

Mathieu Dreyfus sabía que el proceso judicial contra su hermano había sido una farsa y que toda la evidencia exculpatoria de su hermano había sido rechazada a priori por el tribunal, muy probablemente por órdenes del Estado Mayor.  Poco a poco fue convenciendo a diferentes editores para que hiciesen sus propias investigaciones y publicaran sus resultados. Tras las revelaciones hechas, los franceses pronto se dividieron en dos campos a favor y en contra de la revisión del caso. Al mismo tiempo, el nuevo encargado del Servicio Estadístico, Teniente Coronel Georges Piquart, había encontrado en los archivos del caso evidencia que apuntaba al Mayor Ferdinand Walsin Esterhazy como el verdadero culpable de espionaje. Piquart informó a sus superiores lo encontrado y sugirió un nuevo juicio, pero estos decidieron proteger a Esterhazy y a acallar a Piquart enviándolo a África. Justo antes de marcharse a su nuevo destino, sin embargo, confió el secreto a varios defensores de Dreyfus, incluidos algunos diputados, quienes acusaron al gobierno de conspiración en el congreso, y a algunos más.

Probablemente el más famoso de los revisionistas haya sido el escritor Emile Zola, quien se enteró de la evidencia contra Esterhazy y, ayudado por su editor Georges Clemenceau, decidió publicar el 13 de enero de 1898 una carta abierta al Presidente Félix Faures, la célebre J’accuse!,  en la que acusaba a los altos mandos del ejército de obstrucción de la justicia y antisemitismo en el Caso Dreyfus. La intención de Zola era que el gobierno le Zola_Anthropoacusara de difamación y así aprovechar el juicio en su contra para airar la evidencia contra Esterhazy que exoneraría a Dreyfus. La primera parte del plan salió bien y Zola fue puesto en el banquillo de los acusados, donde tuvo oportunidad de revelar las nuevas pruebas, pero el resto del plan no resultó como se esperaba. El tribunal declaró inocente a Esterhazy y culpable a Zola, que tuvo que huir con lo puesto a Londres. Las tensiones se exacerbaron y los insultos llegaron a la cámara de diputados, donde cada día que pasaba política abandonaba las líneas ideológicas tradicionales hacia una división puramente pro o anti Dreyfusiana.

J'accuse

Sin embargo, la marea estaba cambiando de dirección. Poco a poco más y más importantes figuras se unieron al campo revisionista e hicieron públicas sus peticiones, pero el gobierno seguía resistiéndose, pensando en que la admisión de culpabilidad de altos mandos del ejército dañaría su reputación y la moral de las fuerzas armadas. Tendría que llegar un nuevo gobierno para aclarar las cosas de una vez por todas, y el caso se dio en febrero de 1899, cuando el Presidente Félix Fauré falleció repentinamente (recomiendo el enlace) y el pro-revisionista Émile Loubet fue elegido para sustituirlo. Aún así, el campo antisemita no se dio por vencido e intentó un golpe de estado en el mismo funeral de Faure, intento fallido al no contar con el apoyo de los militares, pero que empujó a los moderados a apoyar un gobierno en defensa de la República alrededor de la figura de Waldeck-Rousseau. El caso Dreyfus había reorganizado el paisaje político francés, y Dreyfus consiguió la revisión de su caso.

Esta tuvo lugar en el verano de 1899, en la ciudad de Rennes, que había sido blindada por el gobierno para evitar que el juicio se convirtiera en un circo, afán en el que falló. Por primera vez desde su exilio, Alfred Dreyfuss volvió a París y fue informado de la revisión de su caso, y pudo reunirse con los abogados que su hermano había contratado para la defensa, el Sr. Domange y el Sr. Labori, amos convencidos de la inocencia de su cliente pero con distintas estrategias, el primero buscaba simplemente la Traidor!absolución de Dreyfus, mientras que el joven Labori quería airear la corrupción dentro del ejército y gobierno al mismo tiempo que lograba la absolución. Las cosas pintaban bien al principio, las diversas investigaciones y publicaciones de la evidencia y de las contradicciones en el juicio original habían descubierto la conspiración y difícilmente el gobierno podía exponerse a un nuevo veredicto de culpabilidad. Además, Esterhazy, desde su exilio voluntario en Londres, había confesado ser el autor de la bordereau, la “evidencia” clave utilizada contra Dreyfus en el proceso que le declaró culpable. Sin embargo, hubo una cuestión que el equipo defensor no supo o pudo evitar, y es que Dreyfus, siendo aún militar, tendría que ser juzgado por un tribunal del ejército.

Los miembros del Alto Estado Mayor testificaron blandiendo las mismas pruebas que en el primer juicio, específicamente la bordereau, desechando la confesión de su autoría por Esterhazy como nula, maniobra con la que el tribunal estuvo de acuerdo. En esos días, el abogado Labori recibió un disparo en la espalda una mañana camino del juzgado, y tuvo que ser hospitalizado durante una semana. Cuando volvió, descubrió con pesadumbre que las cosas no iban bien para su cliente, y culpó a Domange por su extrema precaución por no dañar al ejército. Entonces, el equipo defensor recibió un mensaje conciliatorio del Primer Ministro Waldeck-Rousseau, en el que sutilmente sugería la absolución a cambio de retirar los cargos contra el ejército. Domange y Labori sintieron que probablemente era su única salida, y aceptaron, o mejor dicho, cayeron en la trampa. Dreyfus fue declarado culpable nuevamente y sentenciado a diez años de trabajos forzados.

Las reacciones en ambos bandos no se hicieron esperar. Manifestaciones antisemitas y dreyfusianas llenaron las plazas de las principales ciudades francesas, y en el extranjero, donde el prestigio de la República Francesa se desmoronó. La prensa, indignada, protestó contra la enorme, doble injusticia, perpetrada tan sólo para proteger a los altos mandos del ejército. La república se tambaleó una vez más, y como siempre, su desprestigio se debía a la ineptitud de sus líderes combinada con la estúpida suposición de que la verdad haría más daño que el atropello a un solo hombre. Temiendo una escalada de las protestas, Waldeck-Rousseau decidió entonces otorgar el perdón a Dreyfuss, una especie de semi-rehabilitación. El Capitán, después de cinco años aislado en el exilio en los que su condición física y moral se había deteriorado, aceptó declararse culpable como condición para recibir el indulto. Fue liberado el 21 de septiembre de 1899.

Re-admisión de Dreyfus en el ejército.

Re-admisión de Dreyfus en el ejército.

Tuvieron que pasar varios años más y un gobierno de distinto cuño para exonerar completamente al Capitán Dreyfus. Se llevaron a cabo nuevas investigaciones, esta vez sin la participación de los militares involucrados en el fraude, y el gobierno de Jean Jaures, por medio del nuevo Ministro de Defensa, decidió retirar todos los cargos contra Dreyfus, pues “se habían basado en pruebas inexistentes”, y ordenó que se readmitiera al antiguo capitán en el ejército, en el que serviría durante toda la Primera Guerra Mundial

El affaire Dreyfus, sin embargo, dejó profundas heridas en los estamentos militares, en el prestigio de la Tercera República y exacerbó la división política, además de inflamar nuevos bríos en los movimientos antisemitas, que camparían a sus anchas hasta el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial y más allá, participando en el gobierno de Vichy. La Tercera República renqueó dos décadas más, años en los que el caos político y la extrema cortedad de sus gobiernos la debilitaría hasta el punto en que, a los pocos día de la invasión nazi en 1940, terminó sus días para que nadie, nunca, la echara de menos.

 

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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6 respuestas a De cómo el Caso Dreyfus dividió y debilitó a Francia. (2ª Parte)

  1. Hola Jesús,
    un placer leerte y documentarme con tus artículos. ¡Se han cometido tantas injusticias a lo largo de la Historia que no han sido reconocidas!
    Un saludo y gracias por el enlace 😉

    • J.G.Barcala dijo:

      El placer es mio Francisco, justo lo que siento cuando leo uno de tus artículos…;)
      Es verdad, la injusticia es omnipresente en nuestra historia, Dreyfus es sólo un ejemplo, y sospecho que estará con nosotros hasta los últimos días.
      Un abrazo.

  2. Stella dijo:

    Estoy de vuelta. Te felicito. Me asombra la capacidad que tienes tanto tú como Francisco, para llevar adelante tantos y detallados trabajos.
    Un placer es aprender contigo.
    Gracias.
    Hasta pronto.

    • J.G.Barcala dijo:

      Gracias Stella, pero quiero recordar que sólo soy un aficionado a la historia con ansias de divulgarla. Me agrada mucho saber que mis esfuezos no son en vano y que al menos gente tan bella como tú y algunas más me lean.
      Mil gracias, como siempre.

  3. Rosa Ave Fénix dijo:

    Muy bueno!!!! La manera que tienes de descrbir los pasajes no muy conocidos -al menos para mi- es fantástico.Si se supieran todas las verdades de las malditas guerras… el mundo se volvería loco. Saludos a mi buen amigo J.G.B.

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