Sargento, ¿qué comemos hoy? La comida en el frente.

Al grano, los seres vivos sin comida no vamos a ninguna parte. El alimento es la fuente de energía para todos aquellos que nacemos, nos reproducimos y vivimos y, sin ella, ninguna de estas acciones sería posible. Los hombres, como miembros del reino animal, no somos la excepción, y a lo largo de cientos de miles de años, nos hemos adaptado a una dieta que incluye todo lo que se mueva o crezca del suelo, somos omnívoros. Eso sí, hay situaciones en las que grupos humanos no son capaces de proveerse la nutrición suficiente para mantener activos los procesos vitales, tiempos de escasez que pueden ser provocados por causas naturales como sequías, inundaciones o enfermedades, o por la acción planificada de algunos malnacidos que utilizan la comida como rehén para ampliar su base de poder. Ya hemos hablado de nuestras costumbres alimenticias en otros artículos, pero en estos días en los que conmemoramos el centenario de la Primera Guerra Mundial, creo que el plato más adecuado es hablar de la comida de los soldados en el frente.

Ración de un soldado británico en la PGM.

Ración de un soldado británico en la PGM.

Durante las primeras semanas del conflicto, los ejércitos tuvieron pocos problemas para suministrar los alimentos necesarios al personal en el frente. Los planes de batalla estaban completamente detallados e incluían a los sistemas logísticos, con su propio personal, medios de transporte, e incluso las zonas en las que actuarían. Todo ello, considerando que ambos bandos pensaban que la guerra no duraría más que unas cuantas semanas y que los chicos estarían de vuelta en casa “antes de que las hojas cayeran”.

La dieta diaria asignada a un soldado británico en 1914 consistía de lo siguiente:

560 gramos de carne fresca o congelada, o 450 gramos de carne enlatada o salada.
560 gramos de pan, o 450 gramos de galletas o harina
115 gramos de bacon (tocino ahumado)
85 gramos de queso
20 g. de té
115 g. de mermelada o confitura
85 gramos de azúcar; 15 g. de sal; 1 g. de pimienta; 2 g. de mostaza (semilla)
225 g. de vegetales frescos o 56 g. de vegetales deshidratados
15 ml. de jugo de limón (en caso de que no hubiese vegetales frescos)
70 ml. de ron (a la discreción del comandante)
hasta 56 g. de tabaco por semana (a la discreción del comandante).

 

Para los alemanes, la dieta asignada en 1914 era la siguiente:

750g de pan, o 500g de galletas de campaña, o 400g de galletas de huevo
375g de carne fresca o congelada, o 200g de carne en conserva
1,500g de patatas, o 125-250g de vegetales, o 60g de vegetales deshidratados, o 600g de patatas y verduras deshidratadas mezcladas.
25g de café, o 3g de té; 20g de azúcar; 25g de sal
Dos puros y dos cigarrillos o 30 g. de tabaco para pipa; 70 ml. de licor, 240 ml. de vino o 425 ml. de cerveza (a discreción del comandante).

Soldados recibiendo su ración

Todo cambió cuando los primeros ataques y contraataques se neutralizaron mutuamente y le guerra llegó a un punto muerto, y la fuerza devastadora de las armas modernas obligaron a los ejércitos a parapetarse en las trincheras. Los frentes se ampliaron y un mayor número de fuerzas tuvo que ser reclutado para al menos mantener la igualdad con el enemigo. El problema fue que, como habíamos visto, las reservas de recursos estaban planificadas para tan sólo los primeros meses, y hacia el segundo año de la guerra, los encargados de los suministros tuvieron que hacer recortes en las raciones para poder alimentar a todos los soldados.

En 1916, la ración británica de carne se redujo a 175 gramos, las tropas en la retaguardia ya sólo recibían carne 4 ó 5 días por semana y la mayoría consistía en la célebre carne enlatada conocida como bully beef importada de Uruguay (conocida en Estados Unidos como Spam). Antes de que terminara el año, la ración de pan quedó en la mitad del original, e incluso se tuvo que empezar a hornear pan con harina de nabos, ya que los suministros de trigo provenientes de los Estados Unidos se habían visto mermados por los ataques submarinos alemanes en el Atlántico. En 1917, la dieta básica de las tropas en las trincheras se había reducido a una sopa de guisantes y harina de nabo con trocitos de carne de caballo, y los cocineros se vieron obligados a añadir a sus recetas vegetales como cardos y hierbajos que encontraban en los campos aledaños para darle algo se sustancia a sus guisados. Peor aún, cada cocina regimental contaba sólo con dos grandes ollas que utilizaban para todo y la transportaban al frente en cualquier tipo de contenedor disponible, incluidos las latas de combustible, transmitiendo toda clase de sabores a la comida que, además, llegaba fría a su destino, cuando llegaba. También se hizo famoso el Maconochies, una sopa enlatada de zanahorias y nabos, que calentada en el mismo bote era “aceptable” según los soldados, pero fría era incomible. Cuando las cosas se pusieron más feas en el frente y las líneas de suministro no alcanzaban las trincheras, algunos hambrientos incluso tuvieron que comer ratas.

Para los franceses el menú tampoco estaba para tirar cohetes, y eso probablemente dolía más a los soldados de una nación orgullosa de su cultura gastronómica. Durante la Batalla de Verdún y, a pesar de la interminable entrada de camiones con suministros por la “Vía Sagrada”, era tal el número de hombres Maconochiesque pronto aparecieron carencias nutritivas en los soldados. Entonces, un incauto político, con la intención de confundir al enemigo, afirmó en una entrevista que los soldados franceses comían dos veces al día. Pronto le llegaron 200.00 cartas de los soldados burlándose y quejándose de tamaña aseveración. Los alemanes no comían mejor, pero al menos su situación no era tan desesperada como la que sufría la población civil en el “frente doméstico”. En el invierno de 1916-1917, debido en parte al bloqueo marítimo impuesto por Gran Bretaña pero también porque las lluvias de otoño habían estropeado la cosecha de la patata, se desató un hambruna en la que perecieron más de medio millón de alemanes, y los que sobrevivieron, tuvieron que hacerlo rebuscando en los campos cualquier cosa que se pudiera comer, dando lugar al “Invierno de los Nabos”.

La hambruna provocó huelgas y protestas a lo largo de toda Alemania. El tejido industrial y agrícola, que ya sufría por la falta de hombres, terminó por colapsarse, y con él la cohesión social y la estabilidad política, siendo una de las razones por las que en 1918 el Alto Mando decidió pedir al gobierno la rendición. Pero todos los países contendientes pedían ya la hora, y nadie sabe qué hubiese sucedido si la guerra dura algunos meses más. Irónicamente, algunos de los productos tan criticados por los soldados en las trincheras, se volvieron muy populares a  su regreso a casa, una muestra más de que el hombre no sólo es capaz de adaptarse a cualquier alimento, sino que termina por cogerle gusto.

 

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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16 respuestas a Sargento, ¿qué comemos hoy? La comida en el frente.

  1. Rosa Ave Fénix dijo:

    Cuando he empezado a leer he pensado que las dietas, en especial Francia, estaban muy bien, pero naturalmente al pasar los meses, los almacenes se quedaban vacios y puesto que tanto hombres como mujeres estaban implicados en la guerra, no quedaba casi nadie para sembrar y recolectar… pobre gente no me extraña unos murieran de hambre y otros quedasen en la piel y el hueso.
    Un beso triste… pero cariñoso

    • J.G.Barcala dijo:

      Así es Rosa, tantos fueron los hombres y mujeres que se integraron al esfuerzo bélico, que muchas industrias, en especial el campo, se quedaron sin el personal suficiente. A ello hubo que añadirle la guerra submarina, que no distinguía cargas militares de las civiles.
      El mayor problema, no obstante, fue que ninguna de las potencias estaba preparada para una guerra de larga duración, y a partir de finales de 1916, vivían “al día” practicamente, sin reservas. Se habla muy poco de ello, y por eso quise escribir algo.
      Un beso y feliz semana! 🙂

  2. Hola Jesús,
    un estudio minucioso a la vez que muy curioso el que nos presentas hoy. Personalmente, creo que habrían peleas entre los soldados para hacerse amigo del comandante pues eso de que la ración del ron era “a su discreción” debía de ser todo un privilegio y más en el frente, además… seguro que habría alguno peor que un pirata. Las condiciones extremas que se debieron encontrar en muchas ocasiones esconden la de la falta de una alimentación adecuada para poder soportarlas. Muestras un aspecto olvidado frecuentemente,¡felicidades por ello y por la extraordinaria acogida que están teniendo estos artículos sobre la PGM!
    Un abrazo

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,
      muchas gracias. Si llegó a a haber ciertos conflictos internos debido a la comida, aunque el comandante en el frente raramente tenía mucha influencia sobre las raciones que venían de la retaguardia.
      Hay que mencionar que, al menos hasta la PGM, era muy común que se “primara” a los soldados con algo de alcohol antes de entrar en combate, era casi una necesidad y los hombres lo esperaban. En mi opinión, no dejaba de ser un pequeño consuelo…
      Te agradezco mucho tu comentario sobre este y otros artículos. Es verdad que el especial está teniendo una acogida mejor de la que yo esperaba, pero todo eso os lo debo a gente que como tú, me leéis y comentáis. Os debo todo.
      Un abrazo fuerte y feliz semana!

  3. Stella dijo:

    Sinceramente creía que el Corned beef, del Frigorífico Anglo, había abastecido a los ejércitos de la 2da. Guerra Mundial. No sabía lo de la primera. Hoy el antiguo frigorífico en la ciudad de Fray Bentos. Dpto de Río Negro, se encuentra abandonado. Piensan instalar en una parte, porque es inmenso, una ciudad Universitaria.
    Aprendiendo, y agradecida por tus crónicas.
    Un abrazo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Stella,
      en un principio yo también asociaba a Fray Bentos con la SGM, pero en el curso de mis investigaciones me encontré con que ya exportaban al Reino Unido antes de 1916. Ahora bien, no era la única marca producida en la ciudad de Fray Bentos, sino que había varias, y ya después de la guerra, se fusionaron o fueron absorbidas, por lo que sólo quedó la marca con el nombre de la ciudad.
      Por cierto, hay muchas de estas latas en venta para coleccionistas:
      http://www.tommyspackfillers.com/showitem.asp?itemRef=RL019
      Muchas gracias por tu comentario, y por la información adicional que aportas, me ha hecho revisar mis fuentes.
      Un beso para el otro lado del charco…:)

  4. Dessjuest dijo:

    Una de las escenas más impactantes de “Sin Novedad en el Frente” es la que nos muestra la angustia de los soldados por conseguir algo que llevarse a la boca, hasta montando expediciones en busca de cualquier vegetal comestible fuera el que fuera.

    Abrazos.

    • J.G.Barcala dijo:

      Siii! en la versión de los 70′, era Ernest Borgnine quien hacía el papel de Kat, el sargento que encontraba la comida. Hay una escena en la que se les ve a él y a Ballmer volviendo con un cubo de nabos, precisamente cuando Kat es herido de muerte.
      La realidad no era muy distinta, tanto los pocos civiles que quedaban en la zona como los soldados, se procuraban el sustento buscando en los alrededores. Otros muchos, aunque no creo que les haya servido demasiado, cultivaban sus propias huertas en el frente, imagino más como entretenimiento, pero algo habrán sacado.
      Muchas gracias señor por vuestra valiosa información. Os deseo una buena semana…

      • Dessjuest dijo:

        Calla que ni sabía de esa versión de los setenta 🙂

        Habrá que verla aunque ya sabes que con estas cosas siempre pasa igual, cuando tienes a la original como una obra maestra los remakes siempre decepcionan.

        Abrazos.

      • J.G.Barcala dijo:

        Yo conocí la versión moderna cuando salió al cine hace como 35 años, y luego en la universidad vi la antigua. Las dos me parecen buenas, cada una con sus detalles. Estoy de acuerdo contigo en que normalmente las originales son mejores, pero depende también de cuál es la ·original” para cada uno, o sea, que más que la original, la mejor es la primera que vez…creo yo…un saludo míster…

      • Dessjuest dijo:

        Estoy de acuerdo, es la primera peli la que te marca, la primera que ves, “El Jinete Pálido” no deja de ser un remake de “Raíces profundas” pero vaya, al ver primero la de Clint me pareció incluso mejor que la original.

      • J.G.Barcala dijo:

        jeje, casualidades de la vida, hoy dan “Sin Novedad en el Frente”, la de 1930, en un centro cultural de Madrid..pero me acabo de enterar y ya no me da tiempo….
        También me pasa con la música. Recuerdo que yo conocí “Come Together” con Aerosmith y, aunque ahora me gusta mucho la de los Beatles, la de los de Boston sigue siendo mi favorita…

  5. dani dijo:

    Hay que distinguir las raciones de previsión que eran las que llevaban encima los soldados al marchar y lo que comían en las cocinas cuando no estaban en el frente. Durante la IGM se estableció un sistema que los franceses llamaban la noria por el que las unidades en primera línea de trinchera no estaban demasiado tiempo allí ya que eran relevadas y alejadas progresivamente del frente hasta que les volvía a tocar volver a acercarse hasta estar en primera línea de frente. Los hombres sabían que en primera línea era difícil que les llegaran los suministros por eso les tocaba más la moral cuando estando lejos del frente sus condiciones de vida eran igual de malas y ahí era donde se dieron los motines. Rara vez hubo motines en primera línea.

  6. martincx dijo:

    Hola Jesús, este artículo es un exquisitez. No sabes lo impactante que resulta enterarme de todo esto: ¡pobre gente! y mira que para quien escribe no resulta extraña la calidad de la comida para la tropa, pues he trabajado con el Ejército de mi país en xxxxxConfidencialxxxxx 😉 , y si en tiempos de paz y relativa abundancia esa comida no resulta de lo más agradable no me imagino la situación en tiempos de guerra (y pero con la escasez).

    Gran artículo, me han recordado los relatos de algunos compañeros que sufrieron al rancho (así le denominan a la ración de alimentos) en tiempos de guerra.

    Saludos.

    • J.G.Barcala dijo:

      Muchas gracias Martín, en verdad que los soldados en el frente lo pasaron muy mal, y la comida no les daba ese momento de alegría que normalmente suele hacer con nuestros días. Como bien dices, la comida militar nunca ha sido muy buena que digamos, pero la duración y el enorme coste de la PGM la llevó a niveles muy por debajo de lo acostumbrado, otra razón para rendirle un homenaje a la tropa.
      Aquí en España también se le denomina “rancho” a la comida de la soldadesca que, obviamente, no es la misma que para los oficiales…
      Muchas gracias como siempre por tu amable comentario. Espero seguir por el mismo camino.
      Un abrazo.

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