¡Alerta, gas tóxico!

(Este es el primero de una serie de artículos con los que varios colegas blogueros me han hecho el honor de colaborar para este especial sobre la Primera Guerra Mundial. Agradezco encarecidamente a Francisco Javier Tostado toda su ayuda estos meses y el honor que me hace enviándonos este artículo. No os olvidéis de echarle un ojo a los enlaces).

“No se les puede vendar ni tocar. Los cubrimos con una tienda apoyando hojas. Las quemaduras por gas deben ser atroces porque los demás casos no suelen quejarse, incluso con las peores heridas, pero los casos de gas superan invariablemente su capacidad de resistencia y no pueden evitar gritar”.

Así describía una enfermera británica durante la Primera Guerra Mundial el caso de un soldado afectado por la intoxicación del gas mostaza. No sabemos si sobrevivió pero de lo que no hay duda es que quedaría marcado para el resto de su vida.

Se piensa que en el siglo V a. C. los espartanos ya utilizaron gas sulfuroso para eliminar a su enemigo pero sería durante la Gran Guerra de principios del siglo XX, la primera guerra total, la conocida como guerra de los químicos, cuando se utilizó masivamente. Su capacidad letal no fue muy elevada (solo el 3% de las muertes en combate fueron debidas al gas) pero sí las bajas que ocasionaron. Los primeros en utilizarlo fueron los franceses, en agosto de 1914, para poco después hacerlo los alemanes a gran escala.

Poison_gas_attack

El primer agente utilizado fue el cloro y cuando los alemanes lo utilizaron por primera vez contra los soldados franceses, estos vieron cómo una nube verde grisácea que desprendía un fuerte olor se desplazaba hacia ellos. Se utilizó en tres ocasiones más pero pronto se percataron de su ineficacia como arma al ser fácilmente detectable, aunque podía ser muy disuasoria. Un oficial médico y químico canadiense recomendó a los soldados que se taparan su boca y nariz con un trozo de tela que debían mojar con su propia orina. El ácido úrico neutralizaba cristalizando el cloro pero lo que no sabían era que la combinación del cloro y el amonio podía producir gases tóxicos peligrosos que dañaban irreversiblemente los pulmones.

Mustard_gas_burns

Aunque los ingleses decían que era una forma cobarde de hacer la guerra enseguida lo utilizaron masivamente. Aumentó tanto la demanda de cloro que se encontraron con un déficit en su producción. El químico francés Victor Grignard introdujo en 1915 el fosgeno, más letal que el cloro y más difícil de detectar por los enemigos, pero tenía una desventaja: sus efectos tardaban más de 24 h en manifestarse.

Sin embargo, el gas más perverso y mortal fue el gas mostaza, introducido por los alemanes en 1917. Se disparaba dentro de proyectiles de artillería y al ser más pesado que el aire se depositaba en el suelo en forma de líquido, evaporándose lentamente. Pero tampoco resultó ser el arma definitiva ya que no permitía el avance de los atacantes al quedar también expuestos al gas. Se podían sufrir sus consecuencias por su inhalación o simplemente por el contacto con la piel. Las ampollas que producían eran terribles siendo muchas veces tan profundas que llegaban al hueso.

Lo habitual era que tras la exposición a un gas se producían conjuntivitis (inflamación de la conjuntiva del ojo) debiendo cerrarlos y dejando temporalmente ciegos a los soldados. No era raro ver líneas de combatientes ciegos, con la mano del hombre que lo precedía, dirigiéndose hacia la enfermería. Otra sintomatología habitual eran los intensos dolores de cabeza, la fiebre y el pulso elevado. Pero si se estaba expuesto a una dosis letal de fosgeno las consecuencias eran terribles hasta que se producía la muerte 48 horas después con insufribles espasmos de ahogamiento secundarios al líquido acumulado en los pulmones. Los que tenían la “suerte” de sobrevivir tenían un elevado riesgo de padecer tuberculosis, muriendo años más tarde debido a que no se había generalizado el tratamiento con sulfamida.

800px-British_55th_Division_gas_casualties_10_April_1918 

Máscaras de gas 

Para liberar el gas masivamente en el campo de batalla se comenzó utilizando cilindros y después proyectiles de artillería, siendo esta última la forma más segura para el que lo lanzaba. Cuando se percataban de un ataque con gas lo primero que hacían era alertar a la población con una campana o con bocinas de aire comprimido, que podían oírse a más distancia. Al principio, para neutralizar el gas utilizaron moissanita, quemaban carbón e incluso utilizaban ventiladores para dispersarlo, pero no conseguían su objetivo.

800px-Vickers_machine_gun_crew_with_gas_masks 

Inicialmente los soldados se protegían con paños impregnados con orina, gafas protectoras, cascos antigás –que no era más que una bolsa sobre la cabeza- o su versión inglesa, el casco Hypo, que se impregnaba con tiosulfato de sodio… Pero no sería hasta que el Reino Unido solicitó la ayuda de un científico de Oxford, John Scott Haldane que se idearían las máscaras antigás más efectivas. Este académico era conocido por ser poco ortodoxo en sus experimentos y estaba dispuesto a experimentar en su propio cuerpo los efectos de una exposición a alta dosis de gas para poder así idear el método más eficaz para contrarrestarlo. Tras varias pruebas ideó unas “cajas respiratorias” que fueron utilizadas durante la guerra no solo por los soldados sino también por los caballos y las mulas, expuestos también al gas. Para el gas mostaza no se encontró ninguna contramedida eficaz durante la guerra y descubrieron que solo podían hacer una cosa: correr a través del gas en dirección contraria al viento para minimizar su exposición.

Al finalizar la guerra…

…las tropas aprendieron a defenderse de los letales gases aunque se siguieron utilizando en numerosas ocasiones: en 1919 contra las tropas rusas por parte de los británicos (usaron adamsita); durante los años 20, gas mostaza contra los iraquíes y en España, durante la Guerra del Rif; en 1930 Italia usó gas mostaza en Libia y en 1941 Japón contra China.

La comunidad internacional se opuso al uso de estas armas y se creó el Protocolo de Ginebra (1925) firmado por la mayoría de los países involucrados en la Primera Guerra Mundial y en el que se prohibía su utilización aunque no su acumulación. No obstante, y por desgracia, el conocimiento de ese gas venenoso sirvió para que los alemanes lo utilizaran en el Holocausto. 

La Primera Guerra Mundial tuvo también consecuencias médicas “positivas” que hicieron avanzar algunas áreas de la medicina sobre todo la cirugía. Podéis encontrarlas en el artículo que recientemente publiqué en mi blog y que encontraréis en el siguiente enlace:

http://franciscojaviertostado.wordpress.com/?p=7275&preview=true

Para saber más: 

Fotos sobre el uso de máscaras antigás en la Primera Guerra Mundial:

http://www.taringa.net/posts/imagenes/12969659/Primera-Guerra-Mundial—La-guerra-Quimica.html

 

El hombre usa la química para la guerra:

http://www.monografias.com/trabajos10/hoqui/hoqui.shtml

Guerra química utilizada en la Guerra Civil Española:

http://www.rojoyazul.net/militaris/armanento/gases.htm

  

Links información:

http://www.latercera.com/noticia/mundo/bbc-mundo/2014/02/1433-567054-9-bbc-el-cientifico-que-se-ofrecio-a-aspirar-veneno-para-inventar-la-mascara-de.shtml

http://es.wikipedia.org/wiki/Gas_venenoso_en_la_Primera_Guerra_Mundial

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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14 respuestas a ¡Alerta, gas tóxico!

  1. Hesperetusa dijo:

    Como he dicho en el blog de Francisco Javier, agradezco el trabajo que estáis haciendo de divulgación de aspectos poco conocidos de la Primera Guerra Mundial.
    No siempre puedo comentar, por falta de tiempo, pero sigo leyendo las entradas.
    Usaré entradas de este blog en mis clases del curso que viene si no hay inconveniente por parte del autor.
    Saludos.

    • J.G.Barcala dijo:

      Estimada Hesperetusa,
      por mi parte, sólo intento contar historias de interés para el público en general, y creo que la PGM es un evento crucial en nuestro pasado que debe ser conocido por todos.
      Entiendo perfectamente la cuestión del tiempo, a mi me pasa lo mismo y no siempre puedo comentar, lo que importa es el honor de tenerte como lectora.
      Sería un placer que utilizaras mis entradas en tus clases, y espero que estén al nivel de tus alumnos, y de su talentosa profesora.
      Muchas gracias, como siempre, por dejarme unas líneas, es un verdadero placer.
      Un cordial saludo.

  2. Pingback: ¡Alerta, gas tóxico!

  3. Hola Jesús,
    permíteme hacer una reflexión bien conocida. Dicen que los patriotas mueren por su país pero nunca que matan por él y sin embargo, con la excusa de la guerra, se asesinan a millones de personas. Cuando muere un hombre pensamos que es una tragedia, pero cuando muere tanta gente simplemente nos referimos a ello con números, como una estadística. ¡Cuánta maldad hay en el ser humano! Esperemos tener dirigentes políticos nobles para que no vuelva a ocurrir algo así nunca más, puede que de esa el mundo no se salve. Esta pequeña colaboración en tu blog me ha hecho pensar mucho sobre ello y espero que ayude a reflexionar a todo el que lo lea.
    Mil gracias por permitir publicar en tu blog este artículo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,
      ya dice el dicho, si matas a una persona, eres un asesino, si matas a cientos de miles, un conquistador. La guerra es eso, muerte y destrucción, y así será siempre, aunque puede que en el futuro sea más localizada y afecte menos a los civiles. La tecnología está ahí, lo que pasa es que algunos desalmados utilizan precisamente a mujeres y niños como escudos humanos para luchar en el frente de la opinión pública.
      Tienes mucha razón, cuánta maldad hay en el ser humano, y creo que, aunque somos animales y tendemos instintivamente a proteger nuestros intereses, nuestra inteligencia nos ha hecho más peligrosos.
      Gracias nuevamente por colaborar con este mi humilde blog, hoy he ganado mucha respetabilidad…;) y ya te debo unas cañas más, esperemos levantarlas en son de brindis pronto, y pacíficamente.
      Un abrazo.

  4. joebarcala dijo:

    Mucho agradeceré que se cree un vínculo con todas las entradas para poder navegar libremente por el sitio, especialmente si se desea hacerlo en orden. Gracias.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hol José Luis,

      estoy preparando una nueva portada para finales del verano, cuando acabe este especial de la Primera Guerra Mundial. Habrá sorpresas, y espero, una mayor facilidad para acceder a artículos anteriores. En todo caso, en la barra derecha, puedes buscarlos por mes de publicación o por categoría, o incluso usar la opción de “Buscar”. Gracias por la sugerencia y por comentar.
      Un abrazo.

  5. Desconocía que los espartanos hubieran usado gas para atacar a sus enemigos. Parece que el ser humano no aprende de sus errores y sigue empeñado en enfrentarse violentamente en lugar de arreglar las cosas mediante el diálogo. Este artículo proporciona muchos e interesantes datos de la I Guerra Mundial, los cuales muchos desconocíamos.
    Un saludo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Héctor,
      si en algo nos hemos distinguido los humanos es en nuestra capacidad para crear, pero también para destruir. Somos humanos, y sospecho que seguiremos así hasta que no evolucionemos en otra especie.
      Muchas gracias por tu comentario, le pasaré tu cumplido a su autor, que en este caso es un colaborador de lujo, y un buen amigo.
      Un cordial saludo.

  6. Stella dijo:

    Como te sigo, cada vez es más grande mi asombro. Hoy te digo que esta crónica tuya tendría que ser divulgada, en muchos centros de enseñanza.
    La fila de los soldados ciegos, el jóven quemado, los dichos de la enfermera….Los estudios científicos… Jesús, gracias por trasmitir tus conocimientos.
    Mucha suerte y un abrazo.
    Hasta pronto.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Stella,
      el crédito es de Francisco, quien amablemente ha colaborado con este blog. Te pondría el enlace, pero creo que ya sabes donde encontrarlo…;)
      Eso si, gracias por comentar.
      Un besín.

  7. Pingback: ¿… y seguro que no es veneno? | franciscojaviertostado.com

  8. Pingback: La guerra, esa perversa promotora del progreso. | Ciencia Histórica

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