Vida y muerte en las trincheras.

Una de las primeras imágenes que se nos viene a la mente cuando pensamos en la Primera Guerra Mundial, repetida hasta la saciedad en películas, es la de un grupo de soldados resignados yendo over the top, la expresión que utilizaban los ingleses para describir el momento en que los hombres salían de la trinchera, fusil en mano y bayoneta calada, para adentrarse en tierra de nadie camino del enemigo. El resultado de la mayoría de esos ataques, terminaría en un desastre cortesía de las ametralladoras que sesgaban vidas humanas como si fueran figurines del tiro al blanco. Los sobrevivientes, con la cola entre las piernas y no siempre ilesos, volvían a la “seguridad” de sus líneas, hasta que a otro ingrato general se le ocurriese repetir la maniobra. Pero las trincheras distaban mucho de ser el nido de seguridad y bienestar que los hombres en el frente necesitaban para guarnecerse de las bombas del enemigo, y mucho menos para descansar en los pocos momentos de ocio que les concedía la batalla. Nada que ver. Esas zanjas malditas que simbolizan la PGM, no eran más que guaridas de suciedad, miseria y muerte.

Over the top en Verdún Michael St Maur

 

El complejo sistema de defensas que llegó a extenderse cuarenta mil kilómetros, toda una vuelta a la Tierra por el ecuador, nació como respuesta a la potencia destructiva de la artillería moderna estrenada en el conflicto. El descarrilamiento del Plan Schlieffen después de la Primera Batalla del Marne en septiembre de 1914 y el equilibrio de fuerzas entre ambos bandos, obligaron a los soldados a parapetarse, primero en los cráteres de las bombas caídas con anterioridad, y luego en las primitivas trincheras que ellos mismos iban cavando conforme se encontraban frente al adversario, sin posibilidad de avanzar. Con el tiempo, los surcos de la muerte se convertirían en una vasta estructura de pasadizos comunicados entre sí donde millones de hombres pasarían los próximos cuatro años.

Greca

Las trincheras nunca se construían en línea recta, sino formando un entramado de grecas para evitar que la explosión de una bomba se expandiera sin obstáculos. Por fuera, en primera línea, justo detrás del alambre de púas, se situaban los centinelas para ver o escuchar los movimientos del enemigo y avisar en caso de un ataque. Seguidamente se construían las “bahías de fuego” o parapetos, desde que un grupo de soldados fuertemente armado disparaba al enemigo. Luego venia la trinchera propiamente dicha, con un escalón desde el que se podía disparar y cuyos muros estaban, la mayoría de las veces, cubiertos de tablones de madera o sacos de arena para evitar que se desmoronaran. Por detrás, una serie de galerías comunicaban a la trinchera con la retaguardia, para la entrada de almas frescas, el transporte de heridos, munición y comida.

Sldado disparando

Al natural terror de la guerra, se unían las precarias condiciones de la trinchera, muchas veces abarrotadas de soldados que apenas disponían de espacio y, especialmente durante la primavera y el otoño, la constante batalla contra la lluvia y el lodo que en ocasiones cubría hasta las rodillas de los hombres, haciendo de cualquier movimiento un esfuerzo agotador. Peor aún, hay numerosos ejemplos de hombres que murieron ahogados en presencia de sus Ratascamaradas. El pésimo estado de las trincheras aunadas a los problemas mencionados, tenían como resultado natural un alto índice de enfermedades, muchas veces transmitidas por las ratas engordadas por los restos humanos esparcidos y mal enterrados que convivían en el mismo espacio, y la falta de higiene entre los soldados creó las condiciones adecuadas para la propagación de piojos y pulgas. Asimismo, sólo en el bando británico, más de 70.000 soldados fueron tratados por el llamado “pie de trinchera”, una aflicción parecida al pie de atleta debida a la constante humedad y las bajas temperaturas.  Todos los días, el soldado medio tenía que luchar no sólo contra el fuego del rifle enemigo, sino contra la enfermedad y la infección. De los seis millones de soldados que murieron en la guerra, 2,5 lo hicieron bajo el fuego enemigo, el resto por enfermedad.

trench-foot

Otra de las grandes desventajas de la vida en la trinchera eran el aburrimiento y el nerviosismo intrínseco a las posiciones en el frente. Durante el día los soldados intentaban descansar, mientras que al abrigo de la oscuridad de la noche llevaban a cabo labores de limpieza, soldier-sleeps1suministro y reparación de las instalaciones. Era tal el abatimiento del ocio que algunos soldados incluso preferían el fragor de la batalla a la agobiante rutina de la espera, y así lo querían sus comandantes. El Alto Mando inglés, por ejemplo, específicamente prohibió que las trincheras fueran demasiado placenteras, pues temían que los soldados se encontrarían muy cómodos y perderían ese pico de agresividad necesario para sobrevivir. Todo era muy diferente del lado alemán, donde las instalaciones eran mucho más limpias y cómodas. Había dormitorios subterráneos con muros de madera, muebles, luz eléctrica, cocinas, estaciones médicas de emergencia y hasta peluquería en algunos casos. Además, eran mucho más profundas que las aliadas, y los soldados del Kaiser podían descansar en sus compartimentos aún bajo bombardeo en la superficie.

Wooden_Dugout

La comida no era mucho mejor que el resto de condiciones en las trincheras. En las líneas activas del frente, lo normal eran raciones de pan, galletas y carne enlatada. El agua potable también escaseaba y no era nada insólito que los hombres hirvieran el agua sacada del cráter de una bomba. El agua, las ratas, el olor a muerte, difícilmente permitían a los soldados a conseguir el descanso que tanto necesitaban. El Capitán Rudolf Binding del ejército alemán, se refirió así a los aciagos días que pasó en las trincheras en 1918;

 “Los muros tiemblan, día y noche, el lugar apesta a sangre, sudor, orina y ropa húmeda; alrededor suenan gritos y lamentos; el número de muertos aumenta constantemente, en la esquina hay un hombre, cavando tumbas sin pausa.”

La única ventaja, considerando la situación, era que en la mayoría de los casos, los soldados pasaban poco tiempo en la trinchera, siendo relevados constantemente por otras unidades. Un soldado inglés en el frente occidental pasaría en la trinchera una media del 15% de su periodo de servicio y un francés, exceptuando durante la Batalla de Verdún, incluso menos. El resto del tiempo lo pasaban en la retaguardia descansando, en el hospital, o en diversos cursos de entrenamiento.

trenches

Las trincheras fueron necesarias y muy valiosas durante un periodo muy activo durante la Primera Guerra Mundial, pero también se les puede culpar de haber alargado un conflicto en el que el aparente impasse, y lo llamo así porque seguían muriendo miles de hombres todos los días, no permitía a ninguno de los bandos declararse ganador, pero tampoco rendirse. En lugar de una batalla decisiva que hubiese decidido al ganador en unas semanas, las penurias para los soldados duraron cuatro años, y muchos no llegaron a ver el final. Para bien o para mal, las trincheras son uno de los símbolos de la “guerra que terminaría con todas las guerras”.

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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10 respuestas a Vida y muerte en las trincheras.

  1. joebarcala dijo:

    La PGM se divide en tres períodos, uno es de las trincheras, otra la de movimientos ¿cuál me falta? Excelente artículo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Buenas Joe,
      como bien dices. la PGM se divide en tres fases:
      1) la guerra de movimientos, los dos primeros meses de la guerra.
      2) la Guerra de Posiciones o de Trincheras y,
      3) el Final de la Guerra, que abarca los siguientes acontecimientos:

      1917. Revolución rusa. Salida de Rusia de la guerra (Paz ruso-alemana de Brest-Litovsk, marzo 1918).
      1917. Entrada de Estados Unidos y de Grecia en el bando de los aliados.
      La guerra da un giro: los aliados comienzan una gran ofensiva que les otorga la victoria en 1918.
      Gracias por comentar,
      Un abrazo.

  2. toxwaste dijo:

    Recomendable la lectura de Erich Maria Remarque (“Sin novedad en el frente”), donde describe la vida de las trincheras, sufrida en carne propia…

  3. Hola Jesús.
    las fotos hablan por sí solas. Esas malditas trincheras eran peores que las que construían los romanos hace 2.000 años. Seguro que más de un soldado prefería salir de ese lugar y dirigirse a una muerte segura contra el enemigo, que permanecer un día más allí.
    Un abrazo

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,
      Las trincheras fueron un infierno para todos los que pasaron por ellas, aún lo alemanes que gozaban de mejores instalaciones. Todos sabían que eran un refugio más o menos seguro, pero que de ninguna manera garantizaban la supervivencia de sus ocupantes. Ahora bien, las condiciones variaban mucho de una zona del frente a otra, y hubo algunas en las que los hombres apenas y vieron acción. La lluvia fue en muchos casos su peor enemigo, constante, imbatible, todo un infierno.
      Un abrazo Doctor…

  4. dani dijo:

    Los que realmente lo pasaron mal en las trincheras fueron los movilizados en 1914 ya que se tuvo que improvisar todo y la logística casi colapsó. Hubo casos de soldados que estuvieron meses y meses con la misma ropa, en tan duras condiciones.
    Ya antes de la guerra había una “doctrina” de construcción de trincheras, que sobre todo en el caso alemán estaba muy meditada. Los franceses eran los más reacios por pensar que eso mataría el espíritu ofensivo, pero al final acabaron por construirlas tan complejas como las de los demás.
    Los alemanes en el frente occidental prefirieron estas a la defensiva y solo realizaron una gran ofensiva en Verdún en 1916, mientras que los franceses realizaron repetidas ofensivas en 1915 y los ingleses en el Somme en 1916. En 1917 los aliados siguieron con sus ofensivas. Mientras que los alemanes solo volvieron a atacar en la primavera de 1918 con unas nuevas tácticas que pretendían superar la guerra de trincheras. Pero esas nuevas tácticas fueron contrarrestadas y la ofensiva fracasó. En el verano y otoño de 1918 se produjo la gran ofensiva de los 100 días de los aliados que prácticamente echó de Francia a los alemanes. Los aliados preparaban una ofensiva aún mayor para la primavera de 1919 pero el armisticio llegó antes.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Dani, gracias por tu comentario. Creo que casi cualquier soldado que haya pasado por las trincheras lo pasó mal ahí, sin importar en que año fue movilizado. He leído los testimonios de hombres que llegaron al Somme, por ejemplo, en 1916, y no hablan precisamente de unas vacaciones cuando describen su experiencia en las trincheras, y mucho menos los que estaban en la zona de Ypres.
      Un saudo.

      • dani dijo:

        Hombre, vacaciones en las trincheras en ningún caso, pero con el sistema de rotaciones, “la noria” como lo llamaban los franceses, al final en las peores condiciones no estaban tanto tiempo. Pero los movilizados en 1914, algunos si que se estuvieron meses en las trincheras y además en unas trincheras no tan bien planificadas como más tarde.
        Esto me recuerda un artículo que leí en la Espasa Calpe sobre las trincheras, en el se hacía un resumen sobre la evolución de las trincheras durante la IGM, era muy interesante. En un momento dado por ejemplo los alemanes construyeron una especie de torres de cemento armado en las que situaban ametralladoras de forma concentrada. ETC

      • J.G.Barcala dijo:

        Las tropas portuguesas permanecieron en las trincheras hasta seis meses sin descanso, pues no tenían reservas. Algunos cuerpos británicos llegaron a estar hasta seis semanas sin recambio.

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