¿Dónde están los prisioneros? O cómo la prepotencia te puede jugar una mala pasada.

El día 30 de agosto de 1914, todo parecía ir saliendo a pedir de boca para los alemanes. Bélgica había sido atravesada en el tiempo previsto, a pesar de la fuerte resistencia; los ataques franceses en Alsacia y Lorena habían sido rechazados, dando al traste con el famoso Plan XVII; británicos y franceses habían sido derrotados en la Batalla de las Fronteras y tres ejércitos invasores les perseguían sin tregua. Era también el día 30 del Plan Schlieffen, y las previsiones de conquistar París entre los días 36 y 40 tenían visos de cumplirse. El General Alexander von Kluck, comandante del 1er Ejército, se sentía confiado. Sus escritos revelan que daba al enemigo como acabado y preparado para su destrucción final. El Príncipe Rupprecht, al mando del 4º Ejército luchando en Lorena, recibió un mensaje de uno de sus observadores en el frente en el que se leía – el enemigo ha sido derrotado, avanzamos en todas partes. Desde el frente oriental, llegaban las noticias de que los rusos habían sido barridos en la Batalla de Tannenberg. El Kaiser se veía tomando el café en Nancy. Esa era la mentalidad en la práctica totalidad de los mandos alemanes, con una excepción, el Comandante en Jefe, Helmuth von Moltke, quien cauto frente al ambiente de tranquilidad que respiraban sus subordinados, se preguntaba – si el enemigo ha sido derrotado, ¿dónde están los prisioneros?

Soldados alemanes en tren hacia París.

Soldados alemanes en tren hacia París.

Y tenía razón para dudar. Era verdad que sus tropas avanzaban conforme al plan; era verdad que el enemigo se retiraba en todos los frentes; pero también era verdad que para ser una supuesta derrota tan contundente, no se habían hecho más de 30 o 35 mil prisioneros, muy pocos cuando el enemigo había movilizado a más de un millón de hombres. Peor aún, apenas y se había capturado equipamiento, pero no cañones, ni fusiles, y eso era una señal para von Moltke de que el enemigo se retiraba, sí, pero no derrotado y en desorden, sino de manera planificada, lo cual le hacía aún un rival a temer. Nuevamente tenía razón, pero tardó mucho en intentar remediarlo.

Cambio de dirección de von Kluck.

Cambio de dirección de von Kluck.

Uno de los factores que tuvo una gran influencia en las acciones de los primeros días de septiembre, fue el traslado del OHL, el cuartel general alemán, de Coblenza a Luxemburgo. Aparentemente no era un cambio mayor, pues la distancia entre los dos puntos apenas superaba los 100 km, pero la geografía montañosa del principado era muy diferente al abierto valle del Rin. El resultado fue que las comunicaciones por radio dejaban mucho que desear, y en un momento crítico de la guerra, los fallos tendrían consecuencias considerables. A saber. Von Kluck (imagen derecha) estaba von Kluckconvencido de que la guerra estaba ganada y que sólo hacía falta barrer los restos del ejército francés, pues el inglés ya no era considerado una amenaza. El 30 de agosto, tomó la fatídica decisión de cambiar el rumbo de su 1er Ejército, llevándolo hacia el sureste para perseguir al enemigo y envolverlo por su flanco izquierdo. Esa decisión daba por finiquitado el Plan Schlieffen, según el cual el extremo del ala derecha, esto es, von Kluck, debía rodear París por el oeste y luego virar hacia el sur para rodear al enemigo. Su decisión fue autorizada por von Moltke en Luxemburgo, pero se le ordenó que en todo momento, debía mantener sus tropas por detrás y a la derecha del 2º Ejército de von Bülow, su superior. Von Kluck no hizo caso a esta última directiva y obligó a sus hombres a marchas forzadas para no perder contacto con el enemigo. Mientras tanto, el avance de von Bülow se había retrasado tras la Batalla de Guise, ya fuese por la extrema precaución de su comandante, o porque en verdad consideró que sus hombres necesitaban un descanso.

El día 2 de septiembre los ingleses lograban llegar y cruzar el Río Marne por la mañana, el 1er Ejército de von Kluck llegó por la noche, y envió un mensaje al OHL anunciando que pensaba cruzar el río al día siguiente y continuar la persecución. Pero el mensaje no llegó a Helmuth von Moltketiempo. Para entonces, von Moltke (izquierda) ya se había dado cuenta de la precaria situación creada tras el avance de von Kluck, que había expuesto su flanco a un posible ataque desde París. Este ya había indicado que no le preocupaba París, pues en su opinión, no contaba con ninguna unidad en activo. Además, como él y todos sus colegas generales habían estudiado en la academia de guerra, las tropas de una fortificación no hacen salidas ofensivas, pero su jefe no estaba convencido. Von Moltke envió un mensaje a von Kluck ordenándole que se detuviera tras el Marne, y que reforzara su flanco, pero este mensaje también tardó en llegar, y cuando lo hizo, ya era demasiado tarde.

La mañana del 3 de septiembre, un vuelo de reconocimiento francés observó que las tropas del 1er Ejército de von Kluck marchaba de oeste a sureste, alejándose de París en vez de dirigirse a ella y ofreciendo su flanco a la capital. Vuelos posteriores confirmaron la noticia al General Gallieni, el aguerrido defensor de París, inmediatamente vio las posibilidades y se puso en contacto con Joffre para sugerir una acción conjunta.

GallieniJoffre

Hasta ese momento, la estrategia marcada por Joffre se limitaba a retirar sus ejércitos hasta una posición en la que pudiesen reorganizarse y montar la contraofensiva, pero era ambigua respecto al lugar y la fecha, porque, simplemente, no tenía un plan. Cuando recibió la llamada de Gallieni anunciándole el flanco abierto de von Kluck, aceptó de inmediato la sugerencia y dio las órdenes para preparar el ataque – Caballeros – anunció, lucharemos en el Marne. A sugerencia de Gallieni y el General Franchet d’Esperey, recién nombrado comandante del 5º Ejército en sustitución de Lanrezac, Joffre dio órdenes de reforzar el centro, por donde iría el ataque principal, y las fuerzas disponibles en París, que atacarían el flanco de von Kluck. La esperada batalla comenzaría el 5 de septiembre.

 

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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6 respuestas a ¿Dónde están los prisioneros? O cómo la prepotencia te puede jugar una mala pasada.

  1. dani dijo:

    Esos fallos de comunicación fueron muy estudiados durante el periodo de entreguerras y “solucionados”, de tal manera que para 1940 los alemanes eran capaces de tomar decisiones en horas mientras los franceses, anclados en 1918 necesitaban días.

  2. Rosa Ave Fénix dijo:

    Pocos comentarios puedo poner pues son muchos los datos que desconozco… pero gracias a ti me hago una idea de todo. Abrazos….

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Rosa,

      creo que todos aprendemos un poco, y más cuando compartimos con los demás. Nadie lo sabe todo, y todos sabemos algo. Lo importantes es que no se quede guardado en nuestras mentes…
      Un besín a donde quiera que estés…

  3. Hola Jesús,
    esta prepotencia es lo que les perdió. De Hitler es la frase “podemos estar felices de saber que el futuro nos pertenece completamente”. Con pensamientos como este, que calaron a fondo en la sociedad alemana, ayudan a comprender muchas de las decisiones de sus generales en el campo de batalla. Creo que eso también les perdió.
    Un abrazo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,
      Alemania sufrió de arrogancia en ambas guerras, creyéndose superior a los demás, y así les fue. Lo importante, en mi opinión, es que parecen haber aprendido, y eso que siguen siendo un país de enorme capacidad inventiva, productiva y creativa. Espero que sigan construyendo los mejores pianos, los mejores lápices y los mejores coches, y que se olviden de los mejores tanques…
      Muchas gracias por tu comentario.
      Un saludo y feliz semana.

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