Desastre en Gallipoli.

Las guerras son un estofado de éxitos y fracasos, sazonados con heroísmo y cobardía, y servidos con una guarnición de manipulación que les puede hacer ver como manjares dignos de la mesa más selecta. Lo irónico es que sus cocineros normalmente son los más alejados de los fogones, chefs reservados que se inventan las recetas que ellos mismos no serían capaces de probar. La Primera Guerra Mundial fue como un concurso de cocina entre los más ineptos de los cocineros, una mesa servida de platillos agridulces preparados con recetas envenenadas y los peores ingredientes, un buffet de muerte rebajado con cocteles de sangre. Y en esta orgía gastronecrófila, pocos ejemplos se me antojan tan llenos de sinsabores como la Campaña de Gallipoli, un intento frustrado de poner la guinda al pastel, atacando al enemigo por el estómago de uno de los comensales más débiles, que resultó en uno de los desastres más célebres del conflicto, en el que, como suele suceder, los espectadores pagaron la cuenta.

La fortaleza de Gallipoli en la actualidad.

La fortaleza de Gallipoli en la actualidad.

Gallipoli es una península que flanquea el lado norte del Estrecho de los Dardanelos, el canal natural que sirve de entrada desde el Mediterráneo hacia el Mar de Mármara, que conecta a su vez con el Estrecho del Bósforo y une ambos mares con el Mar Negro. Desde mucho antes de la Primera Guerra Mundial y hasta la actualidad, la zona es la única salida marítima de Rusia hacia occidente libre de hielo todo el año, y un punto de alta importancia estratégica para las relaciones de Asia con Europa, continentes que precisamente se unen, o se dividen, en ese punto.

Península de Gallipoli.

Península de Gallipoli.

A finales de 1914, cuando los fracasos de los planes originales abocaron a ambos bandos a sumirse en la miseria de las trincheras para dar comienzo a la guerra de posiciones, el punto muerto al que llegaron los ejércitos obligó a sus líderes a buscar salidas alternativas, maneras de golpear al enemigo sin arriesgar inútilmente las vidas de miles de soldados, aunque en realidad la masacre no se detendría. Contrariamente a lo que a menudo leemos en los libros de historia, la idea de atacar al Imperio Otomano, aliado con Alemania, surgió del Estado Mayor francés, aunque eventualmente la responsabilidad cayó sobre uno de sus más activos promotores, el Primer Lord del Almirantazgo británico, Sir Winston Churchill. El plan era atacar con medios navales las defensas costeras de los turcos, atravesar el estrecho y conquistar Constantinopla y robarle un aliado estratégico a los alemanes. Parecía todo muy fácil, al menos desde el punto de vista aliado que, recordando la paliza que recibió en las guerras balcánicas en 1912-1913, consideraba al enemigo, el Viejo Enfermo de Europa, poco más que una colección de soldados desmoralizados y faltos de entrenamiento y equipo. Con ese prejuicio en mente, la Marina Real creyó suficiente el envío de barcos anticuados para realizar la tarea. Los buenos tenían que quedarse cerca de casa para proteger las islas.

Cuando el combinado de buques británicos y franceses llegó a la zona para iniciar el bombardeo, la confianza estaba del lado de los aliados. Los ataques comenzaron el 19 de febrero de 1915 con una fuerza naval mixta de franceses e ingleses, incluido el portaaviones Ark Royal, cuyas ocho aeronaves no pudieron servir como observadores por el mal tiempo, el mismo factor que retrasó en algunos días la campaña. Aún así, para el 25 de febrero, las baterías costeras Buque inglés bombardeando baterías turcas.otomanas habían sido destruidas y la entrada del canal limpia de minas, lo cual hizo pensar a los gerifaltes que la misión sería poco más que un aperitivo. Como podréis imaginar, fue en este punto cuando se llevaron la primera de las sorpresas. Los turcos contaban con una serie de piezas de artillería móviles que habían escapado al bombardeo inicial y podían ser acercadas a la costa para atacar, y ser retiradas a tiempo antes de las represalias, poniendo en peligro no sólo a la flota principal, sino a los mismos barre-minas que intentaban abrir una ruta segura en el canal. Aún así, el comandante naval, Almirante Sackville Carden, diseñó un segundo ataque para el 18 de marzo, cuyas posibilidades se vieron acrecentadas cuando un mensaje alemán fue interceptado, revelando que las posiciones turcas se estaban quedando sin munición. Informes publicados después de la guerra, dejaron ver que los fuertes otomanos también se habían quedado sin comunicaciones, pero eso no lo sabían los aliados.

Al frente de la fuerza de ataque iban los barre-minas. El problema fue que estaban tripulados por civiles y, ante el constante bombardeo de las baterías móviles otomanas, se retiraron dejando las minas prácticamente intactas. De los dieciocho buques destinados al ataque, en menos de dos horas tres fueron hundidos y otros tres gravemente dañados por las minas. El comandante dio la orden de retirada general, y los turcos celebraron una victoria histórica. Churchill presionó para llevar  a cabo un ataque más, pero el Almirante De Robeck, que había sustituido a Carden por enfermedad, telegrafió a Londres el 23 de marzo insistiendo en que necesitaría el apoyo de fuerzas terrestres antes de continuar la campaña. Los preparativos comenzaron enseguida.

Para el cometido, se reunió una fuerza expedicionaria de 78.000 hombres al mando del General Sir Ian Hamilton. El grueso de las tropas lo compondrían soldados australianos y neozelandeses, los llamados ANZAC (Australia-New Zeland Army Corps), que en aquel ANZACs listos para desembarcarmomento estaban en Egipto recibiendo entrenamiento antes de ser enviados a Francia. El resto lo formarían una división británica de regulares, otra naval, y la Fuerza Expedicionaria Francesa de Oriente, un batiburrillo entre regulares y coloniales. La poca formación y la nula experiencia de la mayoría de los soldados, obligaron a su comandante a retrasar la campaña poco más de un mes, pero para el 23 de abril, día asignado para los desembarcos en Gallipoli, se sentía “preparado”. Lo que no entró en los cálculos fue que el retraso también había dado tiempo a los turcos de prepararse.

La incursión tuvo que ser retrasada dos días más debido al mal tiempo, hasta que por fin, el 25 de abril, tuvieron lugar los primeros desembarcos, tanto en el Cabo Helles, la punta sur de Gallipoli, como en las costa del Mar Egeo poco más al norte. El día 27, entre invasores y defensores se enfrentaron por primera vez en la Primera Batalla de Krithia, con una ventaja inicial para los hombres del Cuerpo de Zion, judíos voluntarios en el ejército británico, pero su superioridad no fue aprovechada pues el comandante no tenía órdenes de continuar, y prefirió replegarse a la seguridad de las playas. Algo similar ocurrió en el resto de puntos de desembarco, donde la feroz resistencia de los turcos no fue suficiente para impedir la toma de las playas, pero el alto precio en bajas aliadas impidió que los ataques continuaran.

Desembarcos en Gallipoli

Desembarcos en Gallipoli

Aquellos ingleses que en un principio se habían referido con desdén a la capacidad de lucha otomana, aprendieron a respetar al enemigo. En algunas ocasiones, defensores que se habían quedado sin munición cargaron con sus bayonetas en ataques suicidas, pero alguna baja causaron. Su implacable resistencia mucho tenía que ver con la capacidad de sus mandos, entre ellos varios comandantes alemanes que habían tenido el tiempo suficiente para adiestrar a sus aliados en tácticas defensivas, pero también por la aptitud e inteligencia de un teniente turco  de 34 años, que ya se había distinguido en las Guerras Balcánicas, y que en el futuro sería el fundador del estado moderno turco, Mustafá Kemal, posteriormente conocido como Ataturk (Padre de los Turcos).

Mustafá Kemal Ataturk

Mustafá Kemal – Ataturk

Durante los próximos meses, todos los intentos aliados de romper las defensas enemigas fueron infructuosos, y con grandes pérdidas. Las pocas ganancias de terreno no fueron consolidadas y la batalla se convirtió en un tira y afloja por unos cuantos metros a un alto coste de vidas, no muy diferente a lo que en esos mismos días sucedía en el Frente Occidental. Gran Bretaña envió refuerzos terrestres y navales y planeó nuevas iniciativas de ataque, pero todas fueron rechazadas. Después de la fallida campaña de agosto, Sir Ian Hamilton fue sustituido y en Londres se empezó a hablar de una retirada, aunque fue en diciembre cuando las primeras tropas fueron embarcadas de vuelta a casa, y en enero cuando los últimos hombres abandonaron Gallipoli.

Del casi un millón de hombres que participaron en la campaña, más de 110.000 perecieron y 250.000 resultaron heridos, aproximadamente la mitad en cada bando. Las pérdidas más grandes las sufrieron los otomanos, 48% de bajas, y los ANZAC, 43%. Turquía, Australia y Nueva Zelanda celebran el 25 de abril como una de sus más importantes fechas, aunque el resultado para sus naciones fuera diferente.

Gallipoli tuvo consecuencias militares y políticas. Tras el desastre, Churchill tuvo que abandonar el Almirantazgo y el gobierno de Asquith fue substituido por una coalición con los conservadores en diciembre de 1916. La comisión de investigación del parlamento resolvió que Hamilton había pecado de optimismo en sus cálculos y en la interpretación del enemigo, terminando en la práctica su carrera militar. La única buena noticia fue que las lecciones del fiasco sirvieron para mejorar la técnica de los desembarcos, especialmente en la Segunda Guerra Mundial. El General Eisenhower, antes de iniciar los preparativos para los desembarcos en el Norte de África en 1943, pidió a los ingleses el informe final de las acciones en Gallipoli. No me queda claro si ello serviría de consuelo para las víctimas.

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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11 respuestas a Desastre en Gallipoli.

  1. Manhank dijo:

    Buena intro.
    hace tiempo vengo queriendo encontrat informacion sobre las revueltas de los combatientes. se que el caso mas famoso es el de la navidad en el frente occidental, pero hubo una gran organizacion de los soldados contra sus superiores que de alguna forma quedo velada.
    saludos

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Manhank,

      si te refieres a las treguas no oficiales que tuvieron lugar en las navidades, es verdad que hubo varias, la más famosa en Ypres en diciembre de 1914, pero casualmente también hubo una en Gallipoli. Para los mandos era algo terrible, y las prohibían, pero cuando ocurrían de todos modos, intentaban censurarlas, para que no se corriera la voz.
      Muchas gracias por comentar.
      Un cordial saludo.

  2. dani dijo:

    El problema en gran parte fue que el planeamiento se centraba en hacer llegar los soldados a la playa pero los planes posteriores a ese momento eran poco detallados. A eso se unía una gran incapacidad para la improvisación por parte de los mandos inferiores o medios, desaprovechando oportunidades de aprovechamiento de éxitos locales.

  3. Humberto Moreno dijo:

    Muy Interesante!!!

  4. Rosa Ave Fénix dijo:

    Por todo lo que nos estás informando, no quedó un palmo de tierra en Europa y alrededores, sin haber guerra y desastres. Gracias amigo,

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Rosa,

      las calamidades de la guerra no tienen fronteras, y cubren muchas veces a naciones que ni siquiera participan. En este caso, el Imperio Otomano si participaba, pero los aliados los subestimaron, y así les fue. Gracias a Dios el conflicto no alcanzó la ciudad de Constantinopla, porque me temo que hubiésemos perdido un tesoro…
      Un beso y gracias por tu comentario.

  5. Hola Jesús,
    “orgía gastronecrófila, estofado de éxitos y fracasos, buffet de muerte rebajado con cocteles de sangre” permíteme felicitarte, de veras. Nadie como tú habría tenido la genialidad de comparar la PGM con la cocina. He disfrutado mucho la lectura de este artículo aunque el primer párrafo me lo he leído tres veces.
    Un abrazo y siempre un placer “degustar” tus artículos tan bien sazonados de sal, pimienta y mucho caldo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,

      después de tantos artículos en los últimos meses me apetecía darle un giro diferente a la guerra. No recuerdo si tenía hambre en ese momento, ni de dónde me salió la inspiración. Ya sabes, las musas nos pinchan inesperadamente, y ni nos damos cuenta. Yo les agradezco que hayan puesto estas ideas en mi cabeza, pues no siempre es fácil encontrarlas, y te agradezco a tí también tu amable comentario. Ya nos queda poco en este viaje…
      Un abrazo y gracias, como siempre…

  6. Como siempre otra magnifica recreación de aquel centenario conflicto que por desgracia estos días en que se vuelven a cavar trincheras en el este de Europa, no nos es tan lejano.
    Solo quería comentarte la experiencia que tuve hace poco mas de un año en que visité aquellas tierras, en el trascurso de un viaje por Turquía en el que en una de sus etapas descendimos por Gallipoli para embarcar en un Ferry con el que cruzamos los Dardanelos. Aquella mañana tuve la oportunidad de charlar con el guía turco que nos acompañaba y que nos había comentado que su abuelo había estado en aquellas trincheras peleando contra los Anzacs. Le pregunté que significo para ellos aquella victoria, y me sorprendió con una respuesta cargada de soflamas nacionalistas.
    Para ellos en aquellas colinas y en aquella sangre derramada, se gesto el embrión de la Nación turca.
    Según él ese joven teniente, Ataturk, aprendió del ejemplo de los hombres que allí murieron, no por defender al caduco Imperio Otomano y a su Sultán, sino a su Patria y a su tierrra turca.
    Realmente para mi fue una sorpresa y una respuesta fascinante a la vez que inquietante.
    Enhorabuena por tu blog, que sigo puntualmente. Yo espero retomar el mio después de este parón veraniego.
    Un saludo.
    Luis.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Megacontenedores, y disculpa la tardanza.
      Nunca me he podido acercar a Gallípoli, pero en Istanbul la gente mayor todavía se acuerda de ese episodio y les encanta contar las aventuras de sus padres o abuelos, que según parece, todos los turcos participaron en la campaña de los Dardánelos. En mi opinión, los aliados subestimaron a los otomanos, y lo pagaron caro. Creo también que la capacidad de Ataturk como estratega y como líder tuvo mucho que ver, y sí, también creo que esa batalla fue fundamental en el nacimiento de la Turquía moderna
      Te agradezco mucho tu apoyo durante estos meses, has sido una fiel lectora, todo un tesoro para cualquier bloguero. Espero con ansia tu vuelta para poder devolverte el favor de tantos “Me gusta” y comentarios, seguro que nos ofrecerás grandes sorpresas. Yo, a partir de hoy que publico el último artículo de la serie, bajaré un poco el ritmo, pues la carga del curro vuelve a la normalidad, pero seguiré al pie del cañón.,
      Gracias nuevamente y un cordial saludo.

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