Una breve historia del café, la “bebida agria de Satán”.

“Saltan chispas hasta el cerebro, y la caballería de metáfora se despliega con un glorioso galope.” .-Honore de Balzac

Probablemente más de un lector, al momento de enlazar con esta página, atesora en sus manos una taza de café, en cualquiera de sus múltiples recetas, frío, caliente, sólo, con leche, capuchino, incluso descafeinado. No importa en qué región del mundo os encontréis, especialmente si acabáis de despegaros de las sábanas, hay muchas posibilidades de que esta bebida tan popular sea vuestro primer encuentro con el mundo de los despiertos. Los humanos bebemos unas 500.000.000.000 tazas al año, desde las colinas de Etiopía, hasta los suntuosos locales vieneses, la mitad de ellas con el desayuno. La droga legal más consumida en el mundo, y difícilmente podría nuestra civilización funcionar sin sus adictivos efectos. Conozco a más de uno que simplemente se volvería loco sin su dosis diaria – ¿quién dice yo?

coffee

A veces me sorprende pensar en cómo un humilde grano se ha podido colar en nuestras vidas de tal manera, y cómo puede cambiar nuestra manera de actuar. Los efectos del café en nuestro cerebro, se deben a la acción de una sustancia alcaloide xantina llamada cafeína y descubierta en 1819 por el científico alemán Friederich Runge. La misma sustancia, cuya fórmula química es C8H10N4O2 , se encuentra presente en otros productos como en el guaraná y en el té, por lo que algunos, erróneamente, le llaman guaranina o teína. La cafeína es una droga psicoactiva y estimulante, esto es, que actúa sobre el sistema nervioso central, lo cual tiene como consecuencia cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento del consumidor, pero eso ya lo sabíais por experiencia.

Los humanos llevamos consumiendo café casi un milenio, aunque es prácticamente imposible señalar una fecha exacta. Como suele suceder en estos casos, varias versiones sobre su origen claman por la supremacía, ninguna con evidencia palpable, pero en lo que si están de acuerdo, fue que el primer sitio donde se consumió fue en las colinas de Etiopia, donde el arbusto todavía crece de manera silvestre. Una de las leyendas más conocidas, probablemente porque tiene sentido, es que un pastor de cabras, un tal Kaldi, observó que sus animales no dormían por la noche después de comer las hojas de un arbusto en particular. Curioso por el resultado, recogió algunos de los frutos de la planta y se los llevó al abad de un monasterio cercano, quien preparó una infusión con ellos y descubrió que producía el mismo efecto en los humanos, una chispa de energía extra que venía muy bien a los monjes del monasterio durante las largas vigilias de oración. La voz del hallazgo no tardó en correrse y hacia el siglo XIV el café se cultivaba y consumía también en la península arábiga, y para el siglo XVI, ya se conocía en Egipto, Siria, Persia y Turquía, países en los que aún goza de mucha popularidad.

De Etiopía, el café llegó a los árabes por el puerto de Mocha, en la esquina de la Península arábiga donde el Mar Rojo abre sus puertas. Las primeras cafeterías abrieron en aquella zona, en el actual Yemen, donde la gente de menos recursos podía degustar la bebida mientras los ricos lo hacían en los salones de sus palacios especialmente diseñadas para el placer de su consumo. El mundo musulmán tuvo una influencia decisiva en la expansión del café, al descubrir los seguidores del profeta Mahoma que sus efectos excitantes bien podrían sustituir a los del vino, prohibido por su religión. De hecho, muy probablemente, el origen del nombre “café” deriva del término árabe qahhwat al-bun, que significa vino de la baya.

Mercaderes de café.

Mercaderes de café.

Los comerciantes europeos pronto pusieron el ojo en esta bebida oscura con efectos estimulantes. En 1615, el café llegó a Venecia, donde en un principio algunos curas condenaron al café como “bebida agria de Satán”, por lo que pidieron la intervención del Papa en el asunto. Clemente VIII, antes de dar su veredicto, decidió probarlo el mismo. Lo encontró tan agradable y gratificante que le dio su bendición, y con ella, el café se expandió por el resto del continente atrayendo a sus pies a artistas, intelectuales, revolucionarios, y a candidatos eternos a esos títulos. Los holandeses fueron los primeros en cultivarlo en el continente, en invernaderos para ser exactos, pues la planta del café necesita de un clima cálido, antes de llevarlo a su colonia en Java, donde esclavizaron a la población para trabajar en sus plantaciones. Italia sigue siendo un gran consumidor del elixir, y nada más en la modalidad de espresso, los baristi sirven 14 mil millones de tazas al año aunque, curiosamente, los finlandeses son los mayores consumidores per cápita del mundo.

Honore de Balzac, prolífico autor francés que se dice llegaba a beberse hasta 40 tazas de café en un día.

Honore de Balzac, prolífico autor francés que se dice llegaba a beberse hasta 40 tazas de café en un día.

En algunos lugares y durante ciertas épocas, al café se le han atribuido poderes sexuales, aunque no siempre en la misma dirección. Recién llegado a Italia, se creía que el café convertía a los hombres en homosexuales. En el siglo XVIII, lo parisinos le condecían poderes afrodisiacos, mientras que las mujeres británicas sostenían que el café reducía el rendimiento sexual del hombre. Lo que sí es cierto, es que la mayoría de las mujeres preferían que sus maridos bebieran café en lugar de vino, ya que siempre era preferible un hombre acelerado que uno borracho.

El café en la actualidad es el segundo producto más comercializado en el mundo, sólo después del petróleo. Es un negocio de 100 mil millones de dólares anuales que da empleo a más de 25 millones de personas, la mayoría en países menos desarrollados, donde se cultiva el 90% de todo el café. Pero la industria también tiene sus detractores, especialmente aquellos que protestan por el poco porcentaje de ganancia que se llevan los agricultores, comparado con el beneficio de los distribuidores y los restaurantes. Además, en los últimos años, la expansión del cultivo del grano ha empujado a los productores a encontrar nuevas tierras, muchas veces talando áreas de bosques. De acuerdo con la ONG World Wildlife Fund, de los 50 países con las más altas tasas de deforestación entre 1990 y 1995, 34 son productores de café. Por otra parte, en las últimas décadas, la modalidad de Comercio Justo, en la que el café es líder, ha disfrutado de un alto nivel de crecimiento, pero las cifras son aún minúsculas dentro de un imperio tan poderoso.

Pocas vidas no son tocadas por la magia irresistible del café, y cada vez son menos. El floreciente negocio de las cafeterías gourmet iniciado en los Estados Unidos, se ha contagiado a prácticamente todo el planeta y disfruta una tasa de crecimiento del 7%. Pero da igual si nos tomamos un Frapuccino en Starbucks o un tradicional café con leche en la Plaza Mayor de Madrid, lo importante es que por mucho tiempo, seguiremos bebiendo esta pócima estimulante, ya sea para despertarnos, o para acompañar una grata conversación con los amigos o ligues potenciales. Para bien o para mal,  el café es parte de nuestra historia, y de nuestra civilización.

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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5 respuestas a Una breve historia del café, la “bebida agria de Satán”.

  1. Rosa Ave Fénix dijo:

    Como siempre… felicidades. Lo de las cabras lo sabía, pero no recordaba el país. Yo, por eso de la tensión, me tomo “cortados”, como decimos por aquí y por la mañana café con leche -sin churoos (tan ricos ellos)- y no comprendo como Balzac podía hacer esos escesos! jaja… entiendo a las mujeres británicas…Todos los demás datos que nos cuentas, son parte de la Historia, ya que el café también es parte de nuestra vida cotidiana y por lo tanto Historia. Besito con sabor a café (escoge el que más te guste)…

  2. Hola Jesús,
    menos mal que al papa Clemente VIII le gustó esa taza de café. Y aunque droga y veneno, como dijo Voltaire “Claro que el café es un veneno lento; llevo cuarenta años bebiéndolo”. Seguiré disfrutándolo a tu salud.
    Un abrazo

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,

      Es verdad, los fans del café le deben una agradecimiento a Clemente VIII, y a todos aquellos que participan en la producción, procesamiento y distribución del café. Muy cierta la cita de Voltaire, no muy diferente a la de su paisano Balzac. Yo no tomo café por la noche, pero el de mañana o levantaré en tu honor.
      Un abrazo y suerte!

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