La liberación de 250 millones de almas.

“Considero a Berlín como los testículos de occidente. Cuando quiero que occidente grite, aprieto en Berlín”. – Nikita Krushchev.

Lo recuerdo como si hubiese sido ayer, a pesar de que ha pasado un cuarto de siglo de aquella indeleble tarde. Era el 9 de noviembre de 1989 y por aquel entonces vivía yo en un bloque de apartamentos cuya dirección era 2524 Texas Avenue, Texas City, Texas, y acababa de volver del trabajo. Serían las 16:00 o algo así, y como solía hacer, encendí la tele para ver el telediario de la CNN mientras me preparaba algo para comer. De pronto, y desde la cocina, escuché que el presentador dice que Alemania Oriental había anunciado hacía un par de horas que el Muro de Berlín quedaba abierto y que los ciudadanos de ese país-prisión podían viajar libremente. Por un segundo me quedé paralizado, mirando sin mirar hacia el frente, intentando digerir lo que había escuchado, pero mi escepticismo enseguida me despertó del sueño y me dijo que seguramente el oído me había pasado una mala jugada, así que me fui al salón para ver qué era exactamente lo que habían dicho.

Pala y pico contra el Muro de Berlín.

Pala y pico contra el Muro de Berlín.

Pero mi oreja no me había engañado, era cierto, el Muro de Berlín estaba abierto y, aunque nadie estaba seguro del por qué el anuncio se había hecho de una manera tan chapucera y la noticia se seguía tratando con cierta suspicacia, las cámaras ya enfocaban a los primeros ciudadanos que tímidamente se acercaban a la frontera para ver si era verdad. Poco a poco la noticia corrió por las ondas, principalmente a través de la televisión de la vecina Alemania federal, y el chorrillo de gente se convirtió en un caudal humano ansioso por la libertad. Me olvidé de la comida y me acomodé en el sofá para ser testigo de lo que sería un momento histórico, y poco después pude ver el vídeo del momento en el que se hizo el anuncio.

La Histórica Conferencia de Prensa.

Günter Schabowski, un oficial del SED (Sozialistiche Einheitspartei Deutschland, partido unión socialista de Alemania), informaba casi de pasada la introducción de una ley que permitiría a los ciudadanos de la RDA viajar al extranjero, algo que al igual que en todos los países del Pacto de Varsovia había estado prohibido hasta entonces, a menos, claro, que uno fuese un alto cargo del gobierno marxista-leninista o del partido en cuestión. En un primer momento, los periodistas ahí presentes no prestaron mucha atención a lo que había dicho, pues la verdad es que aquellas conferencias eran por lo general un suplicio y poco o nada nuevo salía de ellas, pero tras unos momentos, el corresponsal de la NBC, Tom Brokaw (según los testigos, aunque al menos otros dos periodistas reclaman como propio el honor), preguntó a Schabowski ¿cuándo entra le ley en vigor? a lo que el también sorprendido portavoz respondió: hasta donde yo sé, inmediatamente, inmediatamente…(sofort, unverzüglich, que en alemán ambas palabras son sinónimos).

Ríos de tinta han corrido sobre los eventos de aquel 9 de noviembre de 1989, y no es para menos. Según algunas versiones, el anuncio fue un error y Schabowski debía haber dicho que la ley, que acababa de ser redactada unas horas antes, entraba en vigor al día siguiente. Pero la verdad es que nadie le había puesto fecha, ni el mismo burócrata que leía el comunicado, como miembro del nuevo gobierno que había forzado la jubilación del eterno dictador de la RDA, Erich Honecker para aupar al reformista Egon Krenz, se había detenido a pensar en la importancia de la decisión, y no se le ocurrió otra cosa que darla por buena sin más retrasos. Los alemanes detrás del muro llevaban 28 años encerrados, ¿por qué esperar otro día para devolverles la libertad?

Pasé el resto de la tarde, y de la noche, pegado al televisor. Al final estuve caso 24 horas seguidas viendo cómo las diferentes garitas fronterizas de Berlín Oriental se abrían para dejar pasar a los miles de hombres, mujeres y niños que con los ojos llorosos cruzaban el execrable símbolo de la perversidad y el totalitarismo socialista. Poco a poco también se acercaron los habitantes del otro lado, que extasiados recibían a sus primos con flores, chocolates y bananas, estos últimos productos prácticamente inexistentes en el “paraíso” de los trabajadores. Berlín se convirtió en una fiesta.

El Muro.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los aliados habían dividido Alemania en cuatro sectores, británico, francés, norteamericano y soviético, con la intención de que el país centro-europeo no volviese a levantarse en armas contra sus vecinos como lo había hecho dos veces en sendas generaciones. La antigua capital Prusiana, una de las ciudades más vibrantes del continente, quedaba dentro del territorio asignado a los soviéticos, pero de acuerdo en lo decidido en la Cumbre de Yalta, Berlín también fue dividida en las mismas cuatro Berlín divididopartes. Cada país ocupante diseñó un modo diferente de mandar en su zona, pero pronto los aliados no comunistas integraron sus administraciones en una sola para así poder mejorar la eficiencia, y poder reconstruir la sociedad y economía alemanas. Stalin no quería saber nada de revivir a su enemigo y mucho menos de otorgarle la libertad, sino de vengar la guerra y exprimir al máximo a los vencidos, en integrarlos en su maléfico imperio. En 1947, el genocida georgiano ordenó bloquear todas las entradas por tierra a Berlin, con la intención de obligar a los aliados a ceder sus zonas, pero lo único que consiguió fue reforzar la política occidental de ayuda a Alemania, y abandonó su intento después de unos meses. Pasaron los años y, obviamente, los habitantes de la zona soviética intentaban buscar empleo en la zona libre, y muchos simplemente se mudaron, por lo que lentamente la población de Berlín Oriental menguó sin que nadie pudiera hacer nada para remediarlo. O casi nada.

El 13 de agosto de 1961, Walter Ulbricht, a la sazón primer secretario del SED, mandó construir un muro alrededor de Berlín Occidental, para así intentar detener el flujo del este al oeste. El primer día no fue más que una barrera de alambre de púas en los límites demarcados, pero en los días siguientes, soldados y División en construcción.trabajadores de la RDA comenzaron la construcción del muro propiamente dicho, que en sus 28 años de existencia no dejó de crecer y reforzarse para evitar cualquier intento de escape. Aún así, más de cinco mil personas lo lograron, pero otras tantas se dejaron la vida en su empeño por alcanzar la libertad. Veinticinco años después, las puertas volvían a abrirse para que familias, amigos y todo un país se reencontrase después de medio siglo de división. Eran 17 millones de alemanes orientales los que veían la luz, pero también era el comienzo del derrumbe de todo el imperio soviético, cuyas 250 millones de almas, un año después conseguirían el mismo sueño.

El Final de la Pesadilla.

Fue el día más feliz de mi vida, hasta ahora. La confirmación de que un régimen totalitario, genocida y corrupto no podía durar para siempre; la ratificación de mis esperanzas de ver la caída de una ideología perversa, de un cruel e ineficiente modelo social y económico que había costado ya la vida a decenas de millones de seres humanos. Probablemente me adelanté en mi júbilo, pues es verdad que en la actualidad aún existen islas de terror detrás de la Puerta de Brandenburgobandera comunista, y los partidos que defienden lo indefendible campan aún por sus anchas, incluso con posibilidades de alcanzar el poder. Otros inconscientes, ignorantes del proceso de unificación de los pueblos o empujados por actitudes racistas, quieren levantar otros muros de la vergüenza. Por desgracia, en mi querida España se están dando ambos ejemplos. Pero tengo fe en que tanto en mi país como en el resto del mundo, finalmente, reine la cordura y esas minorías decimonónicas no pasen de ser berrinches y amagos de división. Después de todo, si la poderosa Unión Soviética se colapsó bajo el peso de su propia ineptitud, confío en que estos pequeños adláteres de Stalin correrán la misma suerte.

 

Mañana, la historia del Muro de Berlin.

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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13 respuestas a La liberación de 250 millones de almas.

  1. Rosa Ave Fénix dijo:

    Magnífico!… no conocía la frase de “Nikita ni Pone”. El muro de la vergüenza por fín cayó no sólo porque lo derrumbaron ya que tarde o temprano había de ser derruido. Las personas, familias, el mundo entero no debe estar separado por espinos o muros como hay en tierras muy conocidas. Ahora, y casi me da pena decirlo, alli con piedrecitas y otros objetos, hacen negocio con los turistas.
    Y ratifico las palabras qiue dices… que en nuestro pais no nos veamos nunca separados.
    Como siempre… un beso pacifista.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Rosa,
      ya sabes que el ruso este era muy “campechano” y tenía unas ocurrencias más que estrafalarias, como azotar su zapato contra el podio de las Naciones Unidas…
      Lo más terrible del Muro de Berlín, como bien dices, fue la separación de familias enteras, y de parejas y de amigos. Murallas siempre han existido para separar países enemigos, pero construir una en medio de una ciudad me parece el zenith del barbarismo. Gracias a Dios ese muro ha desaparecido, y ruego, como tú, que España no sufra la misma suerte en el futuro.
      Muchas gracias por tu amable comentario. Un besín unificado…;)

  2. Pingback: La liberación de 250 millones de almas

  3. Robert Seidemann dijo:

    Mi ciudad de Göttingen esta situada muy cerca de la frontera de ferro y mi recuerdo de la gente que llego en coche Trabi de un día al próximo. Necesitó tomar la bici para ir a Göttingen, imposible de llegar al centro completamente bloqueado por los compatriotas liberados del este. Cambió el mundo para todos los alemanes.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hallo Robert,
      ich liebe Göttingen, eine schones Stadt, ich war da ein par Mal für Parties als ich ein Austauschstudent im Odenburg war. Es verdad que la frontera está muy cerca, e imagino la ola de gente en aquellos días. Fue un evento crucial para Alemania y Europa, que ya no serían lo mismo. Tuviste mucha suerte al ser testigo de ese momento histórico.
      Vielen Dank für deine Kommentar, Freundlichen Grüssen”

  4. Según la versión de la historia que escuché en la Deutsche Welle cuando el 20. aniversario, la ley que permitía a los ciudadanos de la DDR viajar a Occidente ordenaba que tendrían que tramitar antes un pasaporte especial mediante un proceso tediosísimo. Pero la respuesta ante el “Sofort” de Schabowsky fue tal, que no hubo manera de enviar a casa al torrente humano que se lanzó hacia los puntos de paso. Las imágenes de esa noche todavía me sacan lágrimas http://www.dw.de/25-jahre-mauerfall-die-nacht-in-der-es-geschah/av-18049977

    • J.G.Barcala dijo:

      Efectivamente Elena, los guardias fronterizos no había sido ni siquiera informados, y las papeletas que tenían para los visados se les acabaron en un dos por tres. EL mérito de aquella conferencia de prensa, creo, fue que cogió a todo el mundo desprevenido, y que cuando quisieron hacer algo para detenerla, la marea de gente ya era demasiado grande. Vielen Dank für dasd Klip, ich werde es guken!
      Muchas gracias por tu comentario y aportación. Un cordial saludo.

  5. El videocip está en alemán, pero no importa, las imágenes lo dicen todo

  6. Alex dijo:

    Excelente entrada… hace reflexionar sobre muchas cosas que las generaciones mas jóvenes desconocen por completo. Yo recuerdo claramente el día en que tumbaron el muro. Tendría 7 u 8 años pero la noticia me impactó, pues mi papá había hecho su doctorado en la Alemania comunista y crecí escuchando las historias del muro… Ojalá algún día nos escribas algo sobre Ceaucescu y la Rumania comunista… Estoy de vacaciones en Panamá y mi ritual antes de dormir es leerte! Saludos!

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Alex,
      disculpa la tardanza en responder, otras obligaciones me retienen…
      Muchas gracias por tu comentario. Es verdad que la generación actual no conoce o no entiende la situación que llevó a la construcción del muro de Berlín. Espero haber podido poner mi granito de arena para el recuerdo, y que ese recuerdo se mantenga vivo en el futuro para que no volvamos a caer en la ignominia de separarnos.
      Respecto a Ceaucescu, es un personaje muy interesante, y sí le tengo guardada una reseña, espero poder publicarla pronto.
      Un cordial saludo.

  7. Emotivo testimonio que debe llegar sobre todo a los más jóvenes, los que no habían nacido cuando el muro fue derrumbado, para que descubran que el peligro de los muros es real.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Mónica,
      espero que, como bien dices, esta historia llegue a los más jóvenes, para que nunca olviden de lo que es capaz el ser humano cuando algunos quieren imponer un estilo de vida a otros. También aciertas al decir que el peligro de ver nuevos muros es real, pero confío en que la cordura prevalecerá y no volvamos a ver estos monstruos en nuestras ciudades.
      Muchas gracias por comentar. Un cordial saludo.

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