De cómo las mujeres romanas se ponían guapas.

No será noticia para nadie comentar que las prácticas de maquillaje y embellecimiento de las mujeres, y de algunos hombres, son tan antiguas como la civilización misma. En todo tipo de grabados de la antigüedad hemos visto ejemplos de féminas babilonias, egipcias, griegas y romanas con ojos perfilados y tocados capilares cuidadosamente elaborados por esclavas especialistas. Ya sea para ocasiones especiales o para el día a día, aumentar o resaltar la belleza de la mujer es una larga tradición y, aunque los ingredientes utilizados sí han cambiado, de lo natural a lo químico, los procesos siguen lo han hecho muy poco. Eso sí, no todos están de acuerdo en que el resultado siempre es favorable, y hay tantos ejemplos de intentos fallidos de mejora facial como hay estrellas en el firmamento. No obstante, para la mayoría, el maquillaje sigue siendo una técnica de aderezo y acicale sin el cual, probablemente, las relaciones hombre-mujer serían muy diferentes. Al respecto cito a Plauto (que no por ello estoy de acuerdo), el atrevido dramaturgo favorito de la República: “Una mujer sin pintura es como comida sin sal”.

Ingredientes

En Roma, como no podía ser de otra manera, las mujeres se cuidaban tanto como sus ancestros y sus descendientes, con la ventaja de que nos han dejado muchos de sus secretos de belleza. Además, ya sabéis que me encanta meterme con los romanos, sus costumbres y sus peculiaridades y, aunque no me considero un experto en el tema, creo que será de mucho interés para los lectores revisar sus rituales e ingredientes, nunca se sabe dónde podemos encontrar un buen consejo para las fiestas navideñas que tan rápido se aproximan. En un concienzudo examen de los puntos más importantes del buen aspecto de una mujer (si alguna conocida me ha pillado últimamente barriéndola como un escáner ahora sabe por qué), podemos distinguir tres áreas claramente distinguibles por su importancia: la piel, el rostro y el cabello (la figura se maquilla más con la ropa que con colores), y de las tres tenemos un buen número de las recetas y procedimientos que las mujeres romanas preferían.

Claudette Colbert como Cleopatra.

Claudette Colbert como Cleopatra.

La Piel.

Conocido es el hábito de Cleopatra de darse baños de leche de burra para suavizar y blanquear su epidermis, y las romanas pronto adoptaron la costumbre cuando se enteraron. Plinio el Viejo cita a Poppaea Sabina, la esposa de Nerón, alabando las virtudes del producto: “borra las arrugas, da a la piel un aspecto más delicado y mantiene su palidez”. Por cierto, al igual que en muchas épocas del Mujeres romanas maquillando a la Dominapasado, la palidez era un símbolo de nobleza, pues indicaba que la mujer no tenía la necesidad de trabajar o siquiera de salir a la calle. Ser cara-pálida era una característica tan preciada por las damas romanas, que algunas utilizaban tiza e incluso plomo (sobre una base protectora de aceite de oliva) para blanquearse el rostro. No tengo la menor idea del precio actual de la leche de burra, pero considerando los otros ingredientes utilizados, miel, placenta de oveja, médula, vinagre, bilis, orina animal, excremento de cocodrilo, incienso y mirra, creo que si alguien quiere imitar a las romanas, ya puede ir buscándose el criadero de pollinos más cercano.

Por si fuera poco, los romanos no toleraban las imperfecciones de la piel tales como pecas, verrugas o manchas, y para quitarlas u ocultarlas echaban mano nuevamente de la leche de burra, pero también de grasa de cisne, goma arábiga y cenizas de caracol. Si nada funcionaba, siempre quedaba el viejo remedio de pintarse un lunar, aunque sigo sin saber por qué alguien los puede considerar atractivos.

El Rostro.

Puede parecer una contradicción, pero a pesar de que las mujeres romanas deseaban la palidez, no podían mostrarse en público sin un toque de color en las mejillas, y para ello acudían a otro buen número de polvos y cremas de diversos orígenes: pétalos de rosa y amapola, fucus (un tipo de alga), tiza roja y, nuevamente, excremento de cocodrilo, del cual desconozco el color, pero no me interesa ni de lejos saber a qué huele. Limitado a las damas más ricas estaba el ocre rojo molido, importado de Bélgica. También utilizaban cinabrio, un mineral con un alto contenido de mercurio, pues por lo visto su componente tóxico no era un impedimento. Antes muerta que sencilla.

Los ojos son la ventana del alma decía no sé quién, y no voy a ser yo quien lo contradiga, pues en verdad se puede admirar y conocer mucho a la persona por su mirada. Obviamente, lo bueno hay que resaltarlo, y para ello las romanas llenaban su neceser de muy Potingues romanos.diversos productos. Para los párpados, los colores favoritos eran el verde, que obtenían de la malaquita, y el azul de la azurita, ambos minerales de cobre. Respecto a las pestañas, los romanos tenían la creencia de que tendían a caerse con la práctica del sexo, por lo que cualquier dama que se preciara de su castidad utilizaba una mezcla de carbón, antimonio y azafrán para ocultar el mal olor, que aplicaban con una varita de marfil, hueso o madera que antes sumergían en aceite. La misma pasta se usaba para darle densidad a las cejas, o a la ceja podríamos decir, pues en aquel entonces se prefería un entrecejo continuo de sien a sien. Cosas de la moda.

Según parece, las romanas no se preocupaban mucho del carmín, y eso a pesar de que otras civilizaciones de la antigüedad si lo conocían. Será porque el color natural de los labios les parecía suficiente o porque las constantes libaciones de vino hacían parte del trabajo, no lo sé. La única mención que he encontrado al respecto habla del ocre que usaban las prostitutas, quienes entonces como ahora, se distinguían por su exagerado uso de la cosmética.

Peinados romanos de diferentes épocas.

Peinados romanos de diferentes épocas.

El Cabello.

El peinado era un aspecto tan importante de la moda romana que las damas tenían una ornatrix, esclava especializada en el tema. Ovidio recomendaba que “cada mujer elija, frente al espejo, el peinado que mejor le siente. Una cara larga necesita pelo simplemente partido por la mitad en la frente. Una cara redonda aprecia el cabello recogido sobre la cabeza con un nudo, dejando libres las orejas; para las demás suelto sobre los hombros”. Al igual que la moda textil, los estilos de peinados cambiaban con el tiempo. Tan marcadas eran las modas en la antigua Roma que los arqueólogos y antropólogos se han servido de los diferentes estilos para establecer cronografías de la época. Además, el tipo de tocado servía para distinguir a las mujeres por clase. El pelo suelto estaba reservado para los bárbaros.

En su libro Un Día en la Antigua Roma, Alberto Angela nos describe algunos de los estilos más socorridos, a pesar de su complejidad. Octavia, la hermana de César Augusto, nos cuenta el historiador, puso de moda un peinado que llevaría su nombre, que describe como “llevar el pelo ondulado en las sienes, y un pequeño mechón en la frente, del que partía una trenza que recorría la parte más alta de la cabeza a modo de “cresta” hasta enlazar, en la nuca, con un rodete” (P.58). Más tarde, en tiempos de los Flavios, nació la costumbre de rodear la cara con rizos, pero de una manera exagerada, por lo que era necesario añadir tupés que se alzaban vertiginosos a muchos pulgares de la frente. Observando algunos ejemplos, no puedo dejar de pensar en los tocados renacentistas, garigoleados, puntiagudos algunos, obtusos otros, pero siempre los suficientemente engorroso como para llamar la atención, pues ese era su único cometido. No faltaban las pelucas, rojas, rubias y calamistrummorenas, hechas con pelo natural traído desde los confines del imperio y más allá, los tintes y las peinetas, broches y agujas que no echamos de menos en la moda actual. En tecnología las romanas no andaban muy atrasadas, pues contaban con el calamistrum, un aparato hecho con dos cilindros de hierro, uno interno y otro externo, que se calentaban en el fuego y en cuyo interior se situaban las mechas para rizarlas, un sistema parecido a los rizadores modernos, con el mismo efecto.

Por hoy creo que es suficiente, aunque podríamos escribir decenas de páginas sobre el tema, pero entiendo que el tiempo es oro y que ya os habéis llevado vuestro trocito de historia de hoy. Al final, como en muchas otras cosas, no hemos cambiado mucho. El aspecto es importante, y nunca está de más ayudarse de mejunjes, polvos y cremas para mejorarlo. Bueno o malo, el maquillaje es un aspecto relevante de nuestras vidas, y ya lo era en las vidas de los romanos. Si alguien se atreve a probar las recetas aquí expuestas ya sabe, avisad y enviad fotos.

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Acerca de J.G.Barcala

Profesor y traductor de idiomas. Comprometido con la libertad, la democracia y el progreso. Aventurero y viajero empedernido. Escritor de todo lo que se preste.
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15 respuestas a De cómo las mujeres romanas se ponían guapas.

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  2. Rosa Ave Fénix dijo:

    Ya se sabe que la mujer ha destacado la coquetería como signo de intentar atraer al hombre. En una película el marido cuando desnudaba a la mujer le dijo: No se el porqué la mujer ha de llevar tanto ropaje (era de época) y un tocador con tantas cremas, ella le contestó: Nosotras no tenemos el poder del mandato, cacerías… hemos de atraer al hombre con coquetería.
    Yo confieso, que para mi es un placer arreglarme aunque no tenga que salir de casa, es un signo muy femenino y lo mismo digo con el pelo. A veces por la mañana me miro al espejo y -sin un gran motivo me siento baja de moral-, me voy a la peluquería y salgo más feliz, por cierto el mes pasado me hicieron unas cuanta mechas en color lila….pues me sentó de maravilla. En cuanto a los ungüentos, es aconsejable hidratar la piel, hay mujeres que creo se gastan buena pasta en mejunges…baba de caracol, de serpiente y no se cuantas cosas más, una buena lista y nada baratas con la promesa que en 10 días perderán años y serán más jovenes…¿..?. Otras muchas pasan por la cirugía, en eso yo opino que si no es para arreglar algo muy desastroso, yo no lo haría. Es un riesgo incluso para la salud y cuantas mujeres u hombres lo han hecho y han quedado mucho peor que antes. Bueno, a todos nos gusta ver todo de una forma agradable, hermosa… pero no hay que pasarse.
    Abrazo coqueto…

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Rosa,
      a mi me gusta que las mujeres sean coquetas, y creo que a todos, la cuestión está en no exagerar. También tengo que admitir que a mi me gusta verme bien, no soy ajeno al espejo y procuro combinar bien las prendas, pero insisto, sin exagerar. Como bien dices, hay gente que se pasa con las cirugías, que pueden ser muy útiles en casos estrictamente necesarios, pero no para quitarse 20 años, o para intentarlo, porque la verdad es que raramente lo consiguen.
      Y como no podía ser de otra manera, las mujeres romanas tenían lo suyo, y no las culpo, estando sus maridos guerreando todo el tiempo en algo se tendrían que entretener, no?
      Muchas gracias por tu bello comentario, y felicidades por tus mechas, estoy seguro estarás levantando pasiones por tu barrio…
      Un besín presumido…

  3. Mario dijo:

    Me ha encantado. Un saludo estaré mas por aqui.

  4. Excrementos de cocodrilo???? Lo cierto es que me ha encantado el post. Ya sabes, a la cama no te iras sin saber una cosa mas… Bueno varias en este caso 😉 un saludo!

  5. Hola Jesús,
    ¿te imaginas lo que harían en aquella época las mujeres de las familias pudientes de Roma si dispusieran de nuestra cirugía estética actual?
    Me ha sorprendido lo de utilizar plomo para blanquearse la cara. Blanquear no sé, pero de lo que estoy seguro es que muchas de ellas tendrían con el tiempo: dolores de cabeza, estreñimiento, irritabilidad, anemia, dolores abdominales… y arrugas, muchas arrugas, ¡ja, ja, ja!

    Un abrazo de Saturno, lo digo por el saturnismo que produce la intoxicación por plomo.

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Francisco,
      pensé en el tema mientras escribía la entrada, y sospecho que las mujeres romanas no hubiesen actuado de manera muy diferente a lo que hacen las de la actualidad. Ya sabes que siempre digo que no hemos cambiado mucho…
      La cuestión de los potingues peligrosos no se les escapaba a nuestros ancestros. Sabían que el plomo y otros minerales eran peligrosos, pero aún así los utilizaban. Como digo en la entrada, el viejo dicho, antes muertas que sencillas, literalmente, y tú lo sabes mejor que yo.
      Muchas gracias por tu aportación, interesante como siempre.
      Un brazo y feliz domingo…;)

    • J.G.Barcala dijo:

      Por cierto, he leído en algún sitio que los lápices de labios actuales contienen algunos minerales tóxicos, algo relacionado con el hierro, pero no recuerdo bien. En todo caso, no creo que sean 100% saludables, aunque se ven muy bien…:P

  6. Oswaldo Mayz Russián dijo:

    Hola Jesús, eres polifacético en tus artículos y siempre bien concebidos, sin aburrir al lector. El que quiera abundar más sobre el tema puede encontrar material en el blog “DE REYES,DIOSES Y HÉROES” donde podrá leer “Secretos de belleza de la antigua Roma”. Saludos

    • J.G.Barcala dijo:

      Hola Oswaldo,
      muchas gracias por tu amable comentario. Hacemos lo que podemos para divulgar de una manera interesante y entretenida. Además, siempre he pensado que la historia es más que fechas de batallas y listas de emperadores, y que la vida diaria de nuestros antepasados es tan interesante como la política y la guerra, o más. Le echaré un ojo al blog que recomiendas, tiene buena pinta.
      Muchas gracias nuevamente, un abrazo!

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