Louis Pasteur

Un verdadero héroe que no vende camisetas.

En los anales de la corta historia del hombre podemos desgranar listas de reyes y emperadores que construyeron imperios tan extensos como continentes, guerreros que vencieron en épicas batallas y hasta deportistas que ganaron decenas de medallas, todo eso sin contar a los superhéroes de los comics, personajes con poderes extraterrestres que a muchos nos gustaría tener. No voy a criticarlos hoy y aquí, que ya les he reservado su espacio y hoy la lluvia me ha alegrado el día. Encerradito en casa y disfrutando del golpeteo de las gotas sobre el barandal de mi terraza, aprovecho esta plataforma para rendir homenaje a un hombre al que nuestra especie debe estar muy agradecida.

Nuestro personaje nació el 27 de diciembre de 1822 en la pequeña localidad de Dole, en el Jura francés, en el hogar de Jean-Joseph Pasteur, un humilde curtidor y Etienette Roqui. La familia se mudó a Arbois cuando el pequeño Louis tenía cinco años, y ahí se enroló Portrait of the French chemist Louis Pasteureste en la escuela primaria, donde no destacó como estudiante. A trancas consiguió un título en Química en 1840 y, después de un intento fallido, entró en la Escuela Normal Superior y en 1846 recibió su título de Doctor. Al poco tiempo, un antiguo profesor le convenció de quedarse en la ENS como asistente de profesor donde, en 1847, presentó dos tesis doctorales, una en química y otra en física. Sus primeros proyectos de investigación versaron sobre el estudio de la cristalografía, la ciencia aplicada a la estructura de los átomos en los sólidos. Pero las vicisitudes de la vida llevaron al profesor Louis Pasteur a enfocar sus investigaciones en otros campos.

En 1849, siendo ya profesor de física en la Universidad de Estrasburgo, Louis conoció a Marie Laurent, hija del rector, con quien casó y tuvo cinco hijos. De ellos, tres murieron en la infancia afectados por la tifoidea, tragedias que empujaron al químico a buscar remedios para las enfermedades infecciosas que hacían estragos entre la población infantil.

Probablemente Pasteur es mejor recordado por sus avances en el área de las vacunas, ya inventadas por el inglés Edward Jenner a finales del siglo XVIII. Pasteur reconoció el axioma de la biogénesis, “Omne vivo ex vivo” o “Toda la vida proviene de la vida”, esto es, nada surge de la nada.

Como buen científico, Pasteur llevó a cabo experimentos que le permitieron hacer observaciones y así sacar conclusiones, que luego podían ser comprobadas o no. Puso una solución orgánica, una especie de sopa, en un recipiente hermético para que el aire exterior no pudiera mezclarse con el líquido. Y no pasó nada. Pasteur concluyó que las infecciones provenían de agentes exteriores, microorganismos que, al interactuar con la materia, producía los cambios que se observan en cualquier proceso infeccioso. El hecho no era completamente desconocido, pues los franceses conocían muy bien la levadura y la fermentación que provoca, pero nadie en realidad la había estudiado en un laboratorio. Por ello, a pesar de que otros habían dado pasos previos importantes, Pasteur es ahora reconocido como el padre de la teoría de los gérmenes.

De todos los avances que salieron de la cabeza de nuestro genio, destacan dos medallas colgadas en su pescuezo, tanto por las vidas que han salvado, como por las ramificaciones que resultaron de ambos descubrimientos. Primero, y como recordaréis de vuestros estudios colegiales, Pasteur se hizo famoso por encontrar la vacuna contra la rabia, un mal que se llevaba a la tumba a millones de niños que no tuvieron una oportunidad. En realidad la vacuna (nombre que el mismo Pasteur había dado a las inoculaciones) había sido desarrollada por uno de sus colegas, el doctor Emile Roux, que la había probado sólo en perros, pero el primer humano en recibirla fue el niño de nueve años Joseph Meister, el 6 de julio de 1865, a manos de un Louis Pasteur que no estaba certificado para probar el tratamiento, pero que arriesgó su carrera para salvar al niño. Y lo consiguió. También encontró una vacuna contra el ántrax y, más importante todavía, logró que sus éxitos sirvieran de inspiración a más investigadores, para lo cual ayudó con la fundación del Instituto Louis Pasteur.

Louis-Pasteur-gives-Joseph-Meister-the-rabies-vaccine

Su segundo logro tuvo que ver con el antes mencionado proceso de fermentación en los alimentos, especialmente el de la leche y el vino, dos productos de alta alcurnia en su querida Francia. Conocido el enemigo microbiano, no hacía falta más que encontrar una forma de matarlo, lo cual llegó de la mano del calor aplicado al producto. Dicho proceso que eleva las temperaturas hasta matar los gérmenes, es conocido como pasteurización, y no tengo que explayarme en el bien que ha hecho por la humanidad.

Louis Pasteur murió el 28 de septiembre de 1895 después de una larga y fructífera vida. A él le debemos estos y muchos más triunfos de la ciencia. Sus descubrimientos han salvado y siguen salvando millones de vidas y no es que no se lo reconozcamos, pero es la opinión de este autor que personas como él deben ocupar un lugar más importante en nuestro panteón de héroes y que su legado se divulgue y su ejemplo cunda con fuerza, especialmente entre los estudiantes. Desgraciadamente, al menos en España, apenas y se hace mención a su persona en los libros de texto. Sólo puedo esperar que, algún día, Louis Pasteur venda camisetas.

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3 respuestas a Louis Pasteur

  1. jose Luis Rodriguez Pascual dijo:

    Gracias Chucha excelente Blog!

  2. Pingback: Medicina | Annotary

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