Max Hoffmann. El cerebro de los Lagos Masurianos.

(Colaboración de Manuel Mata Ventura, autor del Blog De Regreso a Cartago, y a quien agradezco de sobremanera toda su ayuda).

 

Suele pasar que en un segundo plano de los que se llevan los honores militares, siempre existe un 2º jefe de Estado Mayor que es en realidad la mente que diseña la derrota si se pierde (evidentemente según sus jefes), pero que no se lleva ningún mérito si se alcanza la victoria. Esto es lo que le pasó a nuestro protagonista, Carl Adolf Maximilian Hoffmann (1869-1927), aunque todos sus amigos y enemigos le llamaban “el frívolo y superficial” Max.  Nuestro desenfadado protagonista ingresó en la Academia Militar Prusiana de Berlín, fundada en 1810 por el brillante Gerhard von Scharnhorst, y donde se graduaron todos los cerebros de milicia germana. En esa época forjó una amistad con su compañero de piso, Erich Ludendorff.

La Kriegsakademie Berlin (Colegio Militar).

La Kriegsakademie Berlin (Colegio Militar).

Max había estado estudiando durante cinco años los planes de guerra rusos en una posible confrontación contra su patria, aprendiendo por este motivo ruso lo que le valió de mucho posteriormente. El general Schlieffen haciendo caso omiso a las habladurías de los compañeros del mundano ya capitán, se fijó en este despierto y vividor oficial enviándole como observador a la guerra ruso-japonesa. En esta época fue testigo, en la estación ferroviaria de Mukden en Manchuria (actualmente Shenyang), de un hecho que le ayudó para trazar un magistral plan de ataque con el devenir del tiempo.

Observadores en la batalla de Shaho (Guerra Ruso-Japonesa. Hoffmann sentado, el primero por la izquierda.

Observadores en la batalla de Shaho (Guerra Ruso-Japonesa. Hoffmann sentado, el primero por la izquierda.

Al estallar la Gran Guerra Max era jefe de operaciones de VIII Ejército del general Maximilian von Prittwitz, en los acontecimientos de la retirada alemana de Prusia Oriental ante el avance del Ejército Imperial ruso, y la posterior llegada de los “salvadores” Hindenburg y su amigo Ludendorff, concibió un plan maestro.

Los rusos desplegaron el II ejército de Samsonov y el III ejército de Rennenkampf, que debido a la enemistad de ambos marcharon cada uno por su lado sin apoyarse. Max estaba al tanto, el único por entonces en el bando alemán, de la enemistad de ambos generales rusos, ya que recordó lo acaecido en la estación de Mukden donde vio abofetearse a los dos generales. Aprovechó la enemistad de ambos y desplegado un centro “delgado” que no “débil” atrajo a los rusos a su trampa. Esta táctica nada nueva, Max recordó la Batalla de Cannas donde Aníbal se aprovechó de la enemistad de los romanos Cayo Terencio Varrón y Lucio Emilio Paulo. Tejió su plan, Cannas llevado a la guerra moderna, y de un plumazo deshizo a dos ejércitos rusos en las batallas de Tanneberg y los Lagos Masurianos. Lo demás es ya de sobra conocido. La Historia se olvidó de Max y el mérito fue para el tándem Hindenburg/Ludendroff.

 Max Hoffmann rodeado de planos en su despacho del Estado Mayor

Max Hoffmann rodeado de planos en su despacho del Estado Mayor

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